lunes, 16 de mayo de 2016

4 y 5

CAPÍTULO 4
______ cenó por primera vez con la familia aquella noche y Matt, que había
regresado ya del viaje de negocios, anunció que Mary y él se iban a las Bahamas para
tomarse unas merecidas vacaciones.
-¿Vacaciones? -repitió su hermano mayor frunciendo el entrecejo.
Matt esbozó una sonrisa traviesa. Se parecía mucho a Tom, solo que sus ojos
eran de un azul intenso y era más bajo y menos fornido.
-Las vacaciones son eso que los que no son obsesos del trabajo se toman de vez
en cuando -le explicó como si Tom no comprendiera lo que eran-. Y yo no me he
tomado un solo día libre desde que nos casamos.
-Sí, pero estamos en marzo, ¿recuerdas? -dijo Tom-. Tenemos un montón de
reses que dentro de poco parirán, y se acerca la feria del ganado.
-Oh, venga, Tom... Mary y yo ni siquiera hemos tenido una luna de miel... -se
quejó Matt lanzándole una mirada más que elocuente.
Tom y su madre se miraron divertidos.
-Está bien, de acuerdo -se rindió Tom-. Contrataré a unos cuantos peones
temporales y me las apañaré sin ti.
-Gracias, Tom -dijo Mary con timidez y dirigiendo una mirada de felicidad a su
esposo.
-Pues ya que os marcháis, podríais buscar una casa antes de volver -apuntó
Simone.
-¿Y quién te salvará de Tom si nos vamos? -replicó Matt con malicia.
_______, que por lo general no era muy atrevida, tuvo un impulso travieso.
-Yo lo haré.
Tom la miró un poco sorprendido al principio, pero luego se echó a reír
suavemente.
-No creo que puedas tú sola -le dijo sonriendo.
Aquella sonrisa recordó a la joven las palabras de Simone, sobre cómo ella era la
única capaz de hacerlo sonreír.
Tom, por su parte, estaba muy poco preocupado por cómo _______ le estaba
volviendo a robar el corazón, y tuvo que hacer un esfuerzo para apartar la mirada de
su candoroso rostro.
-Matt, no logro entender por qué no quieres tener tu propia casa -dijo
volviéndose hacia su hermano.
-No nos lo podemos permitir.
-A otro con ese cuento -replicó Tom-. El banco te concedería un crédito sin
problemas.
-Bueno, sí, pero no me gusta la idea de endeudarme.
Tom se echó hacia atrás riéndose.
-Oh, vamos, los créditos son el pan nuestro de cada día. ¿O ya no te acuerdas de
cuando nos hicieron falta esos noventa mil dólares para la segadora-cosechadora?
-Y si eso te parece poco, piensa en lo que nos costaron en total los tractores, las
embaladoras de heno, los camiones de ganado... -intervino su madre.
-Lo sé, lo sé... -dijo Matt-, pero vosotros estáis acostumbrados a eso y yo no.
Mary ha mandado una solicitud para un trabajo de secretaria en esa planta textil que
han abierto hace poco, y si lo consiguiera, tal vez lo pensaremos. Pero primero
queremos tomarnos esas vacaciones, ¿verdad, cariño?
-Verdad - asintió Mary con una amplia sonrisa.
-Vosotros mismos... -murmuró Tom encogiéndose de hombros. Apuró su taza de
café y se puso en pie-. Bueno, tengo que hacer un par de llamadas -y, sin querer, sus
ojos fueron en dirección a _______, y la encontró mirándolo también.
La joven se sonrojó y apartó la vista, deseando que Simone y los otros, que
estaban conversando, no lo hubiesen notado.
______ pasó el resto de la tarde charlando con Matt y Mary acerca de su viaje
y, cuando llegó la hora de irse a la cama, fue la primera en dar las buenas noches.
Estaba ya llegando a las escaleras, cuando se tropezó con Tom, que salía en ese
momento de su estudio.
-Ven aquí -dijo alzándola en volandas-, yo te llevaré.
-Tom, es mi mano la que está herida, no mis piernas -balbució ella.
Pero él no hizo caso a su protesta y comenzó a subir las escaleras con ella en
brazos.
-No quiero que te canses innecesariamente -le dijo.
_______ decidió disfrutar del momento, y aspiró profundamente para inhalar su
colonia y su aroma a tabaco. Tom sabía que podía subir ella sola perfectamente, pero
había sentido la necesidad de tomarla en sus brazos, de notarla cerca de sí, el calor y
la fragilidad de su cuerpo femenino. En los últimos días apenas había podido conciliar
el sueño, asaltado por los recuerdos agridulces de aquel día junto a la charca.
_______ le había rodeado el cuello con los brazos y tenía apoyada la cabeza en el
hueco de su cuello. Tom suspiró suavemente y paladeó el delicado olor a flores de su
cabello.
- Has perdido peso - murmuró cuando llegaron al rellano superior.
-Lo sé -contestó ella. Sus senos subían y bajaban contra el tórax de Tom-. Pero
así es mejor, ¿no? Si pesara el doble de lo que pesaba, te habrías caído rodando por
las escaleras y nos habríamos roto los dos el cuello.
Tom se rio ligeramente.
-Supongo que sí.
Habían llegado a la habitación de invitados, pero la puerta estaba cerrada.
-Agárrate bien -le indicó Tom -, voy a abrirla.
La joven obedeció, estremeciéndose un poco ante la proximidad de sus cuerpos.
Él lo notó y, tras abrir la puerta, la miró a los ojos con tal intensidad, que el corazón
de _______ dio un brinco.
-Te gusta estar cerca de mí, ¿no es cierto? -murmuró seductor. _______
despertaba en él una sensualidad que no había sentido en años.
Ella se puso roja como una amapola y bajó la vista pensando en qué decir. Sin
embargo, el azoramiento de la joven solo excitó más a Tom. Sentía como si volviese a
la vida después de un prolongado letargo. Una ola de deseo recorrió todo su cuerpo y,
por primera vez en cuatro años, volvió a sentirse como un hombre. Tom entró en la
habitación aún con ella en brazos y cerró la puerta con la punta del pie. Llevó a la joven
a la cama, donde la depositó con suma dulzura, permaneciendo sus ojos fijos un
instante en la curva de sus senos. Alzó la cabeza, y lo satisfizo leer en el rostro de
_______ el mismo deseo que él estaba sintiendo.
De modo que no lo había olvidado... Por un momento pensó en tumbarse sobre ella
y besarla hasta dejada sin respiración, pero se apartó de la cama antes de que pudiera
sucumbir a la tentación. _______ tal vez lo deseara, pero era virgen y se sentía un
poco resentida hacia él por lo que había ocurrido entre ellos años atrás. Era demasiado
pronto, tenía que estar seguro.
Sacó un cigarrillo y lo encendió.
-¿No has pensado en dejar de fumar? -inquirió _______ por decir algo.
Tom entornó los ojos mientras estudiaba su rostro.
-Estaba fumando aquel día junto a la charca -le dijo-, y tú no te quejaste del
sabor cuando te besé.
Ella lo miró azorada.
-Solo me habían besado un par de chicos, pero tú eras mayor, y tenías más
experiencia -confesó bajando la vista-. Quería parecerte una mujer sofisticada, pero
en el momento en que me tocaste me vine abajo -dijo con un suspiro-. No era más que
una jovencita tonta que se había encaprichado de ti.
Tom tuvo que hacer un nuevo esfuerzo para no ir a su lado y tomarla entre sus
brazos para besarla apasionadamente. ¿Cómo podía _______ sentirse culpable cuando
era él quien había estado equivocado? La había herido, la había herido profundamente
en su orgullo igual que Miriam había hecho con él, y la había echado de su vida. Tal vez
su padre no la habría seguido manipulando si él no se hubiera dejado embaucar por
Miriam y le hubiera pedido a la joven que se casara con él.
-Qué redes tan enmarañadas tejemos a veces... murmuró con voz queda-, incluso
cuando no lo pretendemos.
-Tú no pudiste evitar enamorarte de Miriam, Tom -dijo _______ creyendo
adivinar sus pensamientos.
El la miró con tal dureza que la joven dio un ligero respingo.
-¿Te das... te das cuenta de cómo te irritas cuando alguien te la menciona?
-inquirió _______-. Hasta se te pone rígida la mandíbula...
-Lo sé -masculló él.
- Yo... yo entiendo que no quieras hablar de ella, y supongo que debió herir
terriblemente tu orgullo, pero creo que la única manera de reparar el daño es
devolverte la autoestima.
Los ojos cafeces de Tom la miraron fijamente.
-¿Te estás ofreciendo para hacerlo tú?
_______ creyó advertir una nota de ironía en su voz.
-No, no te estoy ofreciendo nada, excepto una buena interpretación cuando
Miriam se presente aquí -le contestó-. Al fin y al cabo te debo...
-No me debes nada -la cortó él con frialdad. Sus ojos relampagueaban, como si
se hubiera molestado con ella.
-Bueno, en ese caso lo haré por lo viejos tiempos -contestó ella sin amilanarse-.
Para mí tú eres como el hermano mayor que nunca tuve. Lo haré para agradecerte que
siempre hayas cuidado de mí.
Tom se sintió como si le hubieran echado un jarro de agua fría. Lo único que le
estaba devolviendo un poco la confianza en sí mismo era el modo en que reaccionaba
cada vez que estaba cerca de él... ¿y estaba diciéndole que solo era como un hermano
para ella?
-Me da igual la razón mientras me ayudes -le contestó expulsando con
impaciencia una bocanada de humo-. Hasta mañana.
Se dio media vuelta y comenzó a dirigirse hacia la puerta.
-Bueno, ¿y qué es lo que querías que dijera? -le espetó ______ exasperada-.
¿Que haría cualquier cosa por ti?
Él se detuvo, con la mano en el picaporte y se volvió a mirarla con una expresión
en los ojos que ella no supo descifrar.
-He puesto a la gata y a sus crías en el establo -le dijo-. Si quieres te llevaré a
verlos mañana por la mañana.
_______ quería que le contestara, pero comprendió que si tenían que convencer a
Miriam de que había algo entre ellos no podían empezar a pelearse.
-Sí, gracias -respondió sin mirarlo-, me encantaría.
-De nada.
Cuando hubo salido de la habitación, _______ se dejó caer sobre el colchón y se
hizo un ovillo. Estaba tan confundida. «Oh, Tom, ¿por qué las cosas entre nosotros
tienen que ser tan difíciles?»
Mary y Matt se marcharon a la mañana siguiente. _______ despidió a su mejor
amiga con un abrazo, pensando que se sentiría un poco perdida los días que siguieran
sin ella. La llegada de Miriam se acercaba, y estaba empezando a preocuparse
seriamente por haber aceptado ayudar a Tom con su plan.
-No pongas esa cara, mujer -le dijo Mary con una sonrisa afectuosa-. Tom y
Simone se ocuparán de ti. Además, Miriam no se alojará aquí. Tom no lo permitiría.
-Espero que tengas razón -murmuró la otra joven-. La verdad es que le temo
como a un miura. Por lo que me ha contado Simone parece que sea capaz de levantar
ampollas solo con las palabras.
-Eso es cierto -contestó Mary contrayendo el rostro-, puede ser muy
desagradable, pero seguro que tú serás capaz de ponerla en su sitio. Siempre que
pierdes la paciencia te defiendes con uñas y dientes -dijo riendo-. Hasta lograbas que
Tom te escuchara.
______ sonrió.
-La verdad es que estoy desentrenada. Hace mucho que no pierdo los estribos
con nadie... Bueno, excepto con Tom. Deséame suerte.
-Suerte -dijo Mary-, pero estoy segura de que no la necesitarás.
Tom los llevó al aeropuerto, y _______ creyó que se había olvidado de su
ofrecimiento para enseñarle a la gata y sus crías, pero no fue así.
-Vamos, te llevaré al establo -le dijo cuando regresó-. Si es que aún estás
interesada.
Ella asintió, y Tom la tomó de la mano sana, tirando de ella sin expresión alguna
en el rostro.
-¿No deberíamos decirle a tu madre dónde vamos? -protestó ella molesta por
sus modales.
-No le he dicho a mi madre dónde iba desde que cumplí los doce años -le espetó
Tom sin mirarla- .Y no necesito su permiso para moverme por el rancho.
-No lo decía en ese sentido -replicó ella frunciendo el entrecejo.
Observó que Tom no se había cambiado al llegar:
-Debías haberte cambiado de ropa. Te puedes manchar -le dijo mientras
entraban en el establo.
Tom le dirigió una breve mirada.
-¿Ah, sí? «¿Cómo?»
En otro momento, ella le habría dado una respuesta impertinente para picarlo,
pero sabía que no estaba de humor para bromas.
-Olvídalo.
Mientras avanzaban por el pasillo del establo, la joven bajó la vista hacia sus
manos entrelazadas, y después a la que tenía escayolada. Echaba de menos su piano.
De pronto su cabeza se llenó de notas. Podía escuchar a la perfección cada acorde, las
notas menores, las subdominantes...
-______ -la llamó Tom sacándola de su ensoñación. Se habían detenido junto al
último pesebre-. Estaba diciéndote que ya hemos llegado. ¿Dónde estabas?
Para la joven, el haber sido arrancada tan bruscamente de sus pensamientos, fue
como revivir el choque del accidente. De pronto la asaltó el temor de no poder volver a
tocar. Si su mano no quedaba como antes, sus interpretaciones al piano serían solo la
sombra de lo que habían sido. Ni siquiera podría con las piezas de música pop. Además,
no tendría modo de ganarse la vida, porque no sabía hacer otra cosa. Y desde luego no
podía contar con su padre. No cuando ni siquiera la había llamado. Al menos Tom
había salvado lo que le quedaba en el banco, pero ese dinero no le duraría
eternamente. El pánico debió reflejarse en su rostro, porque Tom la tomó por la
barbilla, y la joven vio que su enfado se había desvanecido.
Tenía que dejar de pincharla, se dijo Tom, no era culpa suya que Miriam
hubiese aplastado su ego.
-Deja de intentar vivir toda tu vida de una vez, ______. No tienes por qué
preocuparte.
-Eso es lo que tú crees -murmuró ella mirándolo a los ojos.
- No, es lo que tú debes pensar -la corrigió él-. Deja que el futuro se preocupe
de sí mismo. Ven, esto te animará -le dijo arrodillándose sobre el heno.
La joven se arrodilló también y, entre la paja, pudo ver cinco gatitos de escasos
días, blancos como la nieve, y echada allí también, una preciosa gata de pelo corto,
blanca como sus crías, y con los ojos azules.
Tom tomó con cuidado uno de los gatitos y lo puso en los brazos de _______,
que lo puso cerca de su cuerpo para asegurarse de que no se cayera, mientras frotaba
su mejilla contra la suave cabecita del animal.
-¿Verdad que es maravilloso? -musitó-, el milagro de la vida... -le dijo a Tom
cuando le devolvió el gatito para que lo pusiera otra vez junto a su madre-. Toda mi
vida había pensado que un día me casaría y tendría hijos, pero siempre había otro
concierto, otra sesión de grabación en el estudio... -dijo sonriendo con cierta
tristeza-. Cada vez que empezaba a salir con alguien era como si mi padre pusiese aún
más empeño en mantenerme ocupada para que esas relaciones no llegasen a ningún
sitio.
-No podía permitirse perderte -dijo él acariciándole el largo cabello castaño-. No
cuando eras para él la gallina de los huevos de oro.
Se quedaron callados, y el silencio en el establo solo se vio roto de vez en cuando
por el ruido de alguno de los caballos en sus pesebres.
Tom la miró a los ojos y, de pronto, el ritmo de los latidos de su corazón
empezó a incrementarse ante la proximidad de la joven, todo le había ocurrido la
noche anterior.
-Hacía mucho tiempo que no estábamos así, juntos... a solas -murmuró.
_______ bajó la vista incómoda al ancho tórax del ranchero, observando como
subía y bajaba.
-Años -asintió algo nerviosa.
Él siguió acariciándole el pelo, totalmente absorto en ella.
-Entonces tenías el cabello aún más largó -dijo sonriendo levemente-. Recuerdo
cómo enmarcaba tu rostro sobre la hierba mientras hacíamos el amor aquel día junto a
la charca...
-No, no hicimos el amor -balbució ella molesta-. Me besaste unas cuantas veces y
después te aseguraste de que no me lo había tomado en serio. Me dijiste que... ¿cómo
fue tu expresión? Oh, sí, que no te habría importado enseñarme más cosas, pero que
amabas demasiado tu libertad.
-Bueno, es cierto que estabas muy verde, y que eras demasiado inocente con
respecto a los hombres -se defendió él-. Eras muy joven, pero imagino que al menos
ahora te darás cuenta de lo que podría haber ocurrido si no hubiese parado.
-¿Importa todo eso ya realmente? -inquirió ella frunciendo el entrecejo
contrariada-. ¿Podemos volver a la casa?
Tom enmarcó el rostro de la joven entre sus manos para que lo mirara a los
ojos.
-Eras una joven virgen cuyo padre no solo me detestaba, sino que además tenía
total control sobre tu vida. ¡Solo un idiota habría llegado hasta el final en semejantes
circunstancias!
La joven se quedó mirándolo ofendida, y sorprendida por la rabia que había en su
voz y en su mirada.
-Claro, y tú no eras ningún idiota -le espetó temblando de ira-. Pues te diré algo:
no sé por qué te molestas en fingir que te importan mis sentimientos, después de lo
que me dijiste.
Tom resopló y apretó los puños.
-¡Dios!, ¿cómo puedes estar tan ciega? -exclamó lleno de frustración. La tomó
por la barbilla, e inclinó la cabeza hacia ella-. Yo te deseaba.
Sus labios descendieron sobre los de Tom, y comenzó a besarla despacio. El
silencio en tomo a ellos se volvió denso por la intensidad de las emociones que se
desplegaron en ese instante.
De pronto, sin embargo, el ruido de un motor, de un coche acercándose, rompió
el hechizo del momento.
Tom, despegó sus labios de los de la joven, y alzó la cabeza, sobresaltado. La
mirada en sus ojos cafeces era casi febril, y había un cierto temblor en sus manos
cuando las apartó del rostro de _______. La respiración de los dos se había vuelto
jadeante, y _______ sintió que las piernas apenas la sostenían. Lo miró, y él leyó en sus
ojos la pregunta que ella no se atrevía a formular.
-Llevo solo mucho tiempo -le dijo ásperamente, con una sonrisa burlona-. ¿No es
eso lo que te gustaría creer?
Pero, antes de que ella pudiera contestar a eso, él se estaba alejando ya hacia la
puerta del establo.
-Estoy esperando a un comprador -le dijo sin volverse-. Debe ser él.
Tom salió del establo, casi agradecido por la interrupción. Había estado a punto
de perder la cabeza, embriagado por la exquisita promesa en los labios de _______. En
adelante tendría que tener más cuidado. Acelerando las cosas no conseguiría nada.
_______ había salido tras él y, al llegar fuera, vio sorprendida que lo que había
allí aparcado era un taxi, del que estaba apeándose una mujer de piernas larguísimas.
No era otra que Miriam.
Tom estaba observando el espectáculo con disgusto. Parecía que Miriam había
presupuesto, sin que nadie la invitara, que iba a alojarse en el rancho durante su
estancia, ya que el taxista estaba sacando, con gran esfuerzo, dos enormes maletas y
una bolsa de viaje del maletero.
Tom se había puesto rígido, y un sudor frío le corría por las manos. Miriam, su
ex mujer. Solo con verla se tambaleaban los cimientos de su autoestima. Trató de
relajar sus facciones para que no mostraran emoción alguna, y se volvió hacia _______
y le tendió la mano, pidiéndole en silencio su colaboración, tal y como le había
prometido.

CAPÍTULO 5
Miriam enarcó enarcó una ceja al ver a _______ y a Tom acercarse hasta donde
estaba ella. De hecho, se quedo mirando descaradamente a la joven, como con
incredulidad, tenía los ojos entornados y su rostro denotaba una clara hostilidad.
Entonces advirtió que iban de la mano, y por un momento pareció perder la
compostura, pero inmediatamente esbozó una sonrisa forzada.
-Hola, Tom -lo saludó, echándose hacia atrás el largo cabello-. Recibiste mi
telegrama... supongo.
Tom le sostuvo la mirada sin parpadear.
-Sí, lo recibí.
-Paga al taxista, ¿quieres? -le dijo con un aire impertinente, como si Tom
estuviera obligado a obedecer sin rechistar-. Estoy sin blanca. Confío en que no te
importe que me quede con vosotros mientras esté aquí, Tom, porque me gasté hasta
el último centavo en este traje y no puedo permitirme un hotel.
Tom apretó la mandíbula, pero no le dijo que no. ______ vio como sacaba la
billetera del bolsillo para pagar al taxista, y volvió la cabeza hacia Miriam. Era la
perfección personificada: cabello castaño con reflejos rojizos, embrujadores ojos
verde esmeralda, rostro finísimo, y espléndida figura. Sin embargo, era obvio que la
edad le estaba pasando factura, y parecía haber ganado algo de peso. _______
recordó la teoría de Simone, y se dijo que efectivamente cabía la posibilidad de que
estuviera embarazada. Eso explicaría el aumento de peso, visible sobre todo en torno
a la cintura.
-Hola... _______ -la saludó Miriam estudiándola cuidadosamente-. Qué cambiada
estás... ¡Y pensar que cuando Tom y yo nos casamos no eras más que una chiquilla...!
-Pues ya ves, he crecido, y ya soy toda una mujer -le contestó _______ con una
sonrisa igualmente forzada. Y, para enfatizar sus palabras, dirigió a Tom la más
tierna de las miradas-. O, al menos, eso es lo que piensa Tom.
Miriam prorrumpió en una risa desagradable.
-¿En serio? -contestó-. Bueno, supongo que tiene sentido que ahora le vayan las
mujeres jóvenes, porque por su inocencia no sabrán lo que se pierden.
A ______ aquella puya la pilló desprevenida. No comprendía a qué se refería, ni
podía comprender la expresión en el rostro de Tom cuando se volvió hacia ellas,
después de dar instrucciones a un peón que pasaba para que llevara el equipaje de
Miriam a la casa.
-¿Por qué no le cuentas por qué no vas con mujeres experimentadas, Tom?
-murmuró la modelo con sarcasmo.
Tom le lanzó una mirada furibunda, y aquello la calló.
-Lo mío con _______ se remonta a mucho tiempo atrás, Miriam. Ya nos sentíamos
atraídos el uno por el otro antes incluso de que me comprometiera contigo -apuntó
Tom.
Los ojos de Miriam brillaban iracundos.
-Sí, recuerdo que tu madre mencionó algo así.
Tom, de espaldas a _______, le rodeó la cintura y la atrajo hacia sí, mirándola
con cierta satisfacción cuando ella se relajó, recostándose contra él.
-No te esperábamos hasta la semana próxima -le dijo a Miriam.
-Lo sé, pero acababa de terminar un trabajo en el Caribe y tenía que volver a
Nueva York, así que me pillaba de camino -contestó ella.
_______, envuelta como una mariposa en la crisálida, pudo notar la rigidez en los
brazos de Tom mientras hablaba con Miriam. Si le provocaba esas reacciones, si aún
sentía algo por ella, ¿por qué no se lo decía simplemente? Además, la modelo parecía
celosa de verlos juntos, y si era así, entonces también debía sentir algo por él...
-¿Cuánto tiempo pretendes quedarte? -le preguntó Tom con tirantez-. Hay
mucha tarea en el rancho por esta época del año, e imagino que entenderás que a
______ y a mí nos gusta pasar a solas nuestro tiempo libre.
Miriam enarcó una ceja.
-Qué oportuno, _______, que hayas aparecido precisamente cuando yo iba a
venir... -murmuró con malicia-. Había oído que tenías una brillante carrera como
pianista.
-______ ha tenido un accidente -contestó Tom por la joven con una gélida
sonrisa-. Y naturalmente yo quería poder cuidar de ella. Pero no te preocupes, seguro
que mi madre estará encantada de pasar las tardes charlando contigo.
Tal y como Tom imaginaba, a Miriam no pareció entusiasmarle la idea.
-Seguro que sí -dijo irritada-. Bien, vamos dentro de la casa. Estoy cansada y me
apetece tomar un trago.
-En mi casa no lo tomarás -le dijo Tom con firmeza-. No tenemos ninguna
bebida alcohólica.
-¿Qué no...? ¡Pero si siempre teníamos un montón de botellas!
-Tenías -la corrigió él-. Era un vicio que detestaba -le dijo-, uno de tus muchos
vicios. En cuanto te marchaste las tiré todas por el fregadero. Yo no bebo.
-Ya lo sé, tú no haces «nada» -contestó Miriam en un tono venenoso-, sobre todo
en la cama.
Los brazos de Tom se cerraron más en torno a _______. La joven estaba
empezando a comprender, o al menos eso creía. Miró a la otra mujer furiosa, sintiendo
deseos de abofetearla. Sabía que Tom no necesitaba que lo defendiesen, y que
probablemente se enfadaría si interviniera: ¡pero aquello era demasiado! ¡Que lo
estuviera insultando cuando tenía intención de quedarse en su casa! Además, había
sido ella quien lo había engañado con todos los hombres con que había podido. ¿Cómo
podía esperar que no le produciría repulsión después de hacerle eso? Incluso amándola
como parecía que la amaba, era algo tremendamente difícil de perdonar.
Tom estaba mordiéndose la lengua para no contestar. Sabía que, era lo que
esperaba Miriam con sus provocaciones, ponerlo furioso. Si le contaba a _______ que...
No, no se atrevería. Si finalmente iba a enterarse, prefería ser él quien se lo dijera.
Sin embargo, a pesar de su firme propósito de no intervenir, _______ no podía
soportar la mirada jactanciosa en el rostro de la modelo.
-Tal vez «tú» tuvieras problemas con Tom en la cama -le dijo alzando
desafiante la barbilla -, pero nosotros no los tenemos.
Tom tuvo dificultades para disimular su sorpresa. No hubiera esperado que
_______ echara a perder su reputación por él. Nunca había imaginado que pudiera
tener ese coraje.
Miriam estaba temblando de ira.
-¡¿Cómo te atreves, pequeña zo...?!
Sin embargo, no terminó la frase, porque Tom se había abalanzado sobre ella
como un rayo, tapándole la boca con una mano y agarrándola por el brazo izquierdo con
la otra. Retiró la mano que tenía sobre sus labios y le agarró también el brazo
derecho.
-La carretera está por allí -masculló Tom sacudiendo la cabeza en la dirección
por donde había desaparecido el taxi-. No voy a permitir que insultes a mi futura
esposa con tu sucia lengua.
Miriam lo estaba mirando con los ojos como platos, sorprendida en parte por su
arranque de furia, y en parte por la noticia de que pensaba casarse con ________.
La joven por su parte, se había quedado de piedra. Oír aquello de labios del
propio Tom resultaba increíble. Se preguntó si no estaba soñando.
-Lo siento -balbució Miriam tragando saliva. Sin embargo, se recobró
rápidamente del susto y alzó la vista hacia Tom, con una mirada de cordero
degollado-. Supongo... supongo que me cuesta creer que ya no sientas nada por mí.
Pero Tom no se iba a dejar torear tan fácilmente. Conocía sus trucos.
-No olvides lo que te he dicho -le dijo en un tono áspero-. Si te quedas,
obedecerás mis reglas. Si vuelvo a enterarme de que le has dicho una palabra más alta
que otra a _______ te irás como viniste. ¿Entendido?
Miriam esbozó otra sonrisa forzada.
-Está bien, Tom, te doy mi palabra de que seré la perfecta invitada. No
obstante... pensé que íbamos a hablar de una reconciliación.
-Tal vez es lo que tú quisieras -le contestó él muy calmado-, pero ______ y yo
vamos a casarmos. No hay sitio en mi vida para ti, ni volverá a haberlo.
Miriam palideció por momentos, pero se irguió, estirando la chaqueta de su
elegante traje violeta, y volvió a sonreír.
-Eso ha sido un modo un poco crudo de decirlo, ¿no crees?
-Es la única forma en que entiendes las cosas -respondió Tom. Volvió a tomar la
mano de ______, e hizo un gesto hacia la casa -. Después de ti.
Miriam pasó por delante de ellos, y al rato _______ y Tom echaron a andar tras
ella.
-Lo estás haciendo muy bien -le susurró Tom en el oído a la joven-. Y no te
preocupes, no dejaré que vuelva a atacarte.
-Tom, yo no estoy segura de lo que Miriam quería decir con lo que dijo, pero...
Él le dirigió una sonrisa amable, aunque ella pudo percibir que aquel tema le
resultaba incómodo.
-Te lo explicaré más tarde.
-No tienes que explicarme nada, Tom -le respondió ella al instante, mirándolo a
los ojos-. No me importa lo que diga Miriam.
-Verdaderamente estás llena de sorpresas -murmuró el ranchero sin poder
evitar sonreír de nuevo, conmovido por su fidelidad.
-Tú también -replicó ella-, pensé que habías dicho que lo del compromiso sería el
último recurso.
-Lo sé, Y lo siento, pero es que este me pareció el momento más oportuno. Anda
vamos, quiero ver cómo la despacha mi madre. Y mantén bien alta esa barbilla, ______.
Simone desde luego no le dio precisamente la bienvenida a Miriam, pero tenía
demasiada educación como para mostrar abiertamente su antagonismo, así que lo
camufló bajo unos modales impecables y la más fría cortesía. El único momento en que
se dibujó una sonrisa genuina en sus labios fue cuando Tom hizo que ______ se
sentara a su lado en el sofá y la rodeó con el brazo.
A la joven desde luego le había encantado la fiereza con la que la había
defendido minutos antes. Tal vez solo lo había hecho porque le desagradaban las
maneras de Miriam, pero era bonito pensar que quizá le importaba lo bastante como
para defenderla. Apoyó la cabeza en el hueco de su cuello para dar mayor
verosimilitud a su relación, y también, por qué no admitirlo, porque le encantaba
sentirlo tan cerca.
Alzó la vista hacia él, observando cómo escuchaba sin ningún interés a Miriam
monologando acerca de sus viajes. Parecía tan tenso desde que Miriam le había lanzado
aquella puya... Desde luego no parecía la actitud más acertada si quería arreglar las
cosas con él.
-¿Y qué estás haciendo tú aquí, _______? -inquirió de pronto Miriam
impertinente, sacándola de sus pensamientos-. Yo te hacía en Nueva York.
-Estaba haciendo una gira de conciertos -contestó la joven-. Precisamente volvía
de uno cuando se produjo el accidente.
-Entonces... ¿volvías a Nueva York? -inquirió Miriam suspicaz.
-Volvía aquí - se apresuró a puntualizar Tom, lanzando una sutil mirada de
reproche a ______ por el descuido-. Iba con su padre. Debería haberla llevado yo
mismo.
-¿Y podrás volver a usar la mano... o es este el fin de tu fulgurante carrera? -le
preguntó Miriam con crueldad-. En fin, de todos modos, si vas a casarte con Tom,
seguro que hará que te quedes en la casa y hará que le des un montón de hijos. Es
terriblemente machista.
-Para conocerme tan bien, no sé por qué te casaste conmigo, cuando luego te
negaste rotundamente a tener ningún hijo -le espetó él irritado-. Claro que tú
olvidaste mencionarlo antes de la boda.
Miriam se removió incómoda en su asiento e ignoró el comentario.
-¿Hay algo que hacer por aquí aparte de ver la televisión? -dijo cambiando de
tema-. Detesto la televisión.
-A Tom, a ______ y a mí nos encantan los documentales sobre animales -dijo
Simone con toda la intención-. Y esta noche precisamente ponen uno sobre los osos
polares, ¿verdad, cariño?
Tom intercambió una mirada con su madre.
-Cierto.
Miriam dejó escapar un gemido y puso los ojos en blanco.
Aquel fue el día más largo que _______ podía recordar. Logró mantenerse
alejada de Míriam permaneciendo todo el tiempo con Tom, incluso cuando hizo su
habitual recorrido del perímetro del rancho al atardecer para comprobar que todo
estaba en orden. Solía hacerlo a caballo, pero en deferencia hacia la joven, aquel día lo
hicieron en la camioneta.
-Esta mañana me sorprendiste -le dijo Tom mientras conducía -, supiste muy
bien como tratar a Miriam.
-¿Qué esperabas?, ¿que me echara a llorar y saliera corriendo a esconderme? -le
dijo ella riéndose-. Viviendo con mi padre puedo decir que tengo bastante práctica con
gente con mal carácter como ella.
-Lo imagino -respondió él-. Pero nunca lo hubiera esperado, en este caso fue
Miriam la que casi sale corriendo.
-Tú tampoco te quedaste corto -repuso ella -. Nunca te había visto sacar ese
geniazo. Lo cierto es que no recordaba que tuviera tanto veneno en el pasado.
-Eso es porque no la conociste como yo -contestó Tom-. O tal vez si la
conocías... Viste sus intenciones mucho antes que yo.
La joven escrutó su rostro de perfil, queriendo preguntarle algo, pero sin saber
cómo hacerla para no molestarlo. Tom, que lo intuyó, la instó diciendo:
-Adelante, pregunta lo que quieras.
Ella dio un respingo.
-¿Preguntarte qué?
Él dejó escapar una carcajada amarga.
-¿No quieres saber por qué ella se sorprendió cuando tú le diste a entender que
éramos amantes?
-No sé, creí que estaba siendo sarcástica -comenzó ________.
Tom no dijo nada, pero, al cabo de unos minutos detuvo de pronto el vehículo y
apagó el motor. Se giró hacia la joven, para poder mirarla de frente, mientras
intentaba hallar el modo de darle una explicación que no quería darle en realidad. Sin
embargo, Miriam estaría deseando soltárselo en cuanto tuviera una ocasión, y no
quería que se enterara por ella.
-Miriam se buscó un amante a las dos semanas de casarnos -comenzó Tom con
voz queda-; Y después hubo un goteo incesante de muchos más hasta que logré el
divorcio. Ella decía que no la satisfacía en la cama.
Lo dijo de golpe, con brusquedad, como si quisiera sacárselo de dentro, y
______ pudo ver la angustia en sus ojos cafeces. Una vez había oído que para un
hombre el ego era lo más importante, lo que lo hacía más vulnerable. Tal vez fuera
cierto.
-Yo creo que nadie la satisfacía, Tom -contestó mirándolo a los ojos-. Si tuvo
tantos amantes...
Tom, que sin darse cuenta había estado conteniendo el aliento, respiró
tranquilo. _______ no se había burlado de él, ni se había mostrado sorprendida. Y, en
cierto modo, tenía mucha razón. Si el problema hubiera sido él, ¿por qué pasaba
Miriam de un hombre a otro?
-Dicen que las cosas van bien en un matrimonio si las dos personas se quieren y
se esfuerzan, pero supongo que yo era demasiado anticuado para Miriam -_______
meneó la cabeza.
-Simone cree que Miriam pueda estar embarazada -le dijo-, y que esa es la razón
por la que ha vuelto, para intentar embabucarte y luego hacerte creer que eres el
padre de su hijo.
-Ya te dije al principio que no quiero que vuelva a mi vida -contestó Tom con
aspereza-. Si cree que puede engañarme es que no me conoce.
-Pero podría decirle a la gente que tú eres el padre -replicó ________.
Tom dejó escapar un profundo suspiro.
-Sí, supongo que sí. Tal vez sea eso lo que tiene en mente.
-¿Y qué vamos a hacer?
-Ya pensaré algo -respondió Tom sin mirarla.
Tal vez cerrar la puerta de su dormitorio por las noches sería la mejor opción,
pero sin duda, Miriam se reiría de él si lo hiciera, se dijo con amargura.
-Yo podría ayudar si me dijeras qué tengo que hacer -se ofreció la joven-. Lo
único que sé del sexo es lo que me enseñaste aquel día junto a la charca -añadió sin
mirarlo.
Tom alzó el rostro hacia ella y la miró de hito en hito, como si fuera la primera
vez que la viera.
-¿Bromeas?
Ella meneó la cabeza.
-Pero han debido haber otros hombres...
-He salido con algunos, pero nunca...
-Pero eso es imposible, _______ -se rio él incrédulo-. Vamos, ¿pretendes tomarme el
pelo? Las mujeres hoy en día... Además tú eres muy atractiva.
_______ se notó enrojecer por momentos. ¿Cómo iba a decirle que la idea de que
otro hombre que no fuera él la tocara o la besara la repugnaba?
-_______, contéstame -insistió él.
-No pienso hacerlo -musitó ella mirándolo de reojo.
Una sonrisa empezó a dibujarse en los labios de Tom.
-¿Tan bien estuve que no has querido hacer nada con nadie más? -inquirió
ligeramente burlón, aunque también halagado.
Ella se sonrojó más aún y apartó la mirada, haciendo que Tom se sintiera como
si estuviera flotando.
De pronto, él extendió una mano y enredó sus dedos en los sedosos cabellos de la
joven.
-¿Sabes que aún hoy no sé cómo pude parar? -murmuró-. Tú respondías a cada
caricia con tanto ardor...
-Estaba loca por ti -contestó ella-. Quería que pensaras que era muy madura,
pero supongo que lo estropeé todo. Cometí las dos mayores equivocaciones que puede
cometer una mujer: te dejé ver lo inexperta que era y cuánto te deseaba, y luego se
me ocurrió entrometerme con lo de Miriam.
Se quedaron callados un buen rato y, al cabo, Tom dijo:
-En fin, supongo que tienes razón, si queremos que Miriam se trague que estamos
juntos, tendremos que dar muestras de intimidad.
-¿Quieres decir que debería ponerme vestidos escotados, contonearme cuando
camine y sentarme sobre tus rodillas y acariciarte el cabello...? ¿Y especialmente
delante de Miriam? -inquirió en un tono juguetón.
-Vas captando la idea, pequeña -contestó Tom divertido.
-¿Y no te dará vergüenza? -preguntó _______.
-Bueno -dijo Tom mesándose la barbilla como si estuviese considerándolo-,
mientras no trates de desvestirme en público... No queremos escandalizar a mi madre.
_______ se rio. Era la primera muestra de humor que daba desde que llegara
Miriam.
-Por eso no debes preocuparte. Por ahora tendrás que conformarte con una
seducción parcial: ¡no puedo ni desvestirme yo sola!
-¿Sabes?, tal vez podrías no ponerte el sujetador mientras Miriam esté aquí. Eso
le dará qué pensar.
-¿Qué dices?, a tu madre le daría un ataque -murmuró _______ algo
escandalizada ante la idea.
-Lo dudo. Ella ha estado siempre de tu parte. Nunca pudo entender que
prefiriera a Miriam sobre ti.
-Pues yo sí - repuso la joven con una risa seca-. Porque Miriam era todo lo que yo
no era: sofisticada, experimentada... -bajó la mirada con una expresión de amargura
en el rostro-. Lo único que yo tenía era mi talento, y puede que incluso ahora haya
perdido eso...
Tom la tomó por la barbilla para hacer que lo mirara.
-Deja de adelantar acontecimientos, _______. No vamos a pensar en qué pasará
cuando te quiten la escayola, ni en cuál será la reacción de tu padre. Vamos a
concentramos en Miriam, y en cómo lograr que se vaya y no vuelva. Esa es la prioridad.
Tú me echas una mano a mí, y yo haré lo mismo por ti cuando llegue el momento y
aparezca tu padre.
-¿Tú crees que vendrá, Tom? -inquirió ella con pesimismo.
Los ojos verdes de la joven se alzaron para mirarse en los suyos. Seguía siendo
tan preciosa como lo había sido años atrás, se dijo Tom.
-Eso es lo de menos -respondió estudiando los elegantes dedos de la mano sana
de ______-. Yo me ocuparé de ti pase lo que pase.
La joven sintió que se estremecía de emoción. ¡Si aquello fuera verdad! Había
habido tan poco afecto en su vida... Siempre se había sentido muy sola. A su padre solo
parecía importarle su talento. No, no había conocido el cariño, ni el amor, pero quería
con todas sus fuerzas que Tom le correspondiera. Pero, ¿sería eso posible? Miriam
parecía haber matado la posibilidad de amar en él.
-Te has quedado muy callada -murmuró Tom-. ¿Qué es lo que te ocurre?
La suavidad de su voz hizo que las lágrimas acudieran a sus ojos, pero cuando
trató de apartar el rostro, él volvió a tomarla de la barbilla.
-¿Qué es, _______?, ¿qué te pasa?
El labio inferior de la joven temblaba.
-N... no es nada -balbució. Cerró los ojos con fuerza. Era, una cobarde. Quería
decirle: «¿por qué no puedes amarme?», pero le daba miedo la respuesta.
-Deja de intentar vivir toda tu vida en un día -le dijo él-. No funcionará.
-Lo siento, supongo que me preocupo demasiado -admitió ______ secándose una
lágrima que había rodado silenciosa por su mejilla -. Pero es que todo mi mundo está
patas arriba. Tenía una prometedora carrera, un bonito apartamento en Nueva York,
viajaba... y ahora puede que todo eso quede relegado al pasado. Seguro que mi padre ni
siquiera se molestará en volver a hablarme.
-Tom, tienes que pensar en positivo. Tu padre llamará, o vendrá a verte;
seguro, y tu mano se curará del todo, ya lo verás. Además -dijo con una sonrisa-, ahora
mismo no puedes buscarte un trabajo, porque ya tienes uno.
-Cierto. -sonrió ella débilmente-, ayudarte a seguir soltero.
-Bueno, yo no lo expresaría de ese modo -dijo él mirándola de un modo extraño-:
Digamos que vas a ayudarme a lograr que Miriam se marche sin que haya
derramamiento de sangre.
La joven alzó el rostro hacia él.
-Es muy bonita -le dijo-. ¿Estás seguro de que quieres que salga de tu vida para
siempre? -inquirió escrutando sus ojos cafeces-. Una vez la amaste.
-Me enamoré de una ilusión -respondió él. Apartó un mechón del rostro de
_______-. La belleza exterior no indica que también la haya en el interior. Me dejé
seducir por su atractivo físico, sí, pero un buen corazón es mucho más importante que
una cara bonita.
-Bueno, sí, pero ya no parece tan fría como antes, ¿no crees?
-¿De parte de quién estás? -inquirió Tom sorprendido, enarcando una ceja-.
Cualquiera diría que quieres arrojarme a sus brazos.
-No es eso. -replicó ella-. Es solo que quería que estuvieses seguro de lo que
vamos a hacer.
Tom la atrajo hacia sí, acariciándole el cabello mientras miraba por la
ventanilla.
-Pues claro que estoy seguro. Nuestro matrimonio fue un desastre. Ni siquiera
creo que pudiera dársele ese nombre -se apartó de ella y la miró a la cara,
deleitándose en su belleza candorosa-. La deseaba, pero eso no es suficiente para que
un matrimonio funcione.
_______ recordó con pesar que eso era lo mismo que le había dicho hacía años
que sentía por ella. La deseaba, pero no la amaba. Había dicho que no amaba a Miriam,
pero si la había convertido en su esposa, debía haber sentido algo por ella.
-¿En qué piensas? -inquirió Tom.
-En nada en particular -mintió ella esbozando una sonrisa-. Es que estoy un
poco...
Pero no pudo terminar la frase, ya que los labios de Tom habían descendido
sobre los suyos. La joven se puso tensa ante el repentino y cálido contacto. Hacía años
desde aquellos besos que habían compartido junto a la charca, y, sin embargo, parecía
que no se hubiesen separado y aquello hubiese ocurrido el día anterior. _______ podía
recordar a la perfección su olor, el modo en que su boca masajeaba la suya, incluso el
modo en que gimió cuando hizo el beso más profundo.
-Bésame tú también -susurró Tom contra sus labios húmedos-. No te
contengas.
-Pero... no debemos... -protestó ella sin demasiada convicción.
-Sé que me deseas, _______. Siempre lo has hecho. -dijo él con voz ronca.
Sus dedos se introdujeron por entre los cabellos de la joven, y volvió a inclinar el
rostro hacia el de ella, besándola otra vez y haciendo que abriera la boca para invadirla
sensualmente con su lengua. De pronto, notó que ella se tensaba, y dudó, apartándose
un instante.
-No luches contra ello., ______ -le dijo.. Estaba quemándose, ardiendo de deseo
por ella. Sí, los rescoldos de lo que había sentido cuatro años atrás no se habían
apagado, y en ese momento, con solo removerlos un poco, se habían revivido
_______ le hacía olvidar a Miriam y todo el daño que le había infligido.
-¡Oh, Dios, déjame amarte, _______...! -jadeó.
-¡No! -gimió ella desesperada-. ¡Tú no me amas! ¡Nunca me has amado!
Pero una vez más sus palabras quedaron ahogadas por los ardorosos labios de
Tom. Este deslizó las manos por la espalda de la joven y la atrajo hacia sí, quedando
sus senos aplastados contra el tórax de él. _______, sin embargo, no le echó los
brazos al cuello ni respondió a sus besos. Se temía que Tom solo se había sentido
excitado por el regreso de Miriam, y que la estaba utilizando otra vez como una vía de
escape. No podía permitirlo. Era algo denigrante.
Tom advirtió pronto que _______ no respondía a sus besos y caricias, y alzó la
cabeza. Apenas podía respirar, y el corazón le golpeaba con tal fuerza contra la caja
torácica, que le parecía que fuese a romperla. La visión de _______ ante él, tan
preciosa, con el rostro encendido, no hizo sino que el ritmo de su corazón se
incrementara más aún. Parecía asustada, pero claramente había algo detrás del temor:
deseo, un deseo que por algún motivo se negaba a satisfacer.
Y eso no fue lo único que Tom descubrió. A pesar del golpe que Miriam había
asestado a su orgullo, de pronto se dio cuenta de que no había perdido la capacidad de
sentir deseo por una mujer. De hecho, no había sentido nada semejante desde hacía
años. ¡Y pensar que aquello había ido a ocurrirle coincidiendo con el regreso de su

exesposa, y gracias a _______ Craig, de todas las mujeres sobre la faz de la Tierra …!

HOLA!! BUENO AQUI ESTAN LOS DOS CAPITULOS ... YA SABEN 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA :)) HASTA PRONTO 

3 comentarios:

  1. :O Tom la desea y mucho que lindo, esa Miriam me car super mal quien se cree que es jum.. me encanto virgi espero el próximo cap

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  2. Ahora empiza lo interesanteee!!
    Amo la adaptación. Siguelaa :)

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