viernes, 20 de mayo de 2016

10 y 11 - capitulos finales

CAPÍTULO 10
_______ hizo lo que pudo para que sus sentimientos no se reflejaran en su
rostro, pero de ningún modo logró controlar los latidos de su corazón, que se habían
disparado al vedo.
-Hola, Tom -dijo. De repente se notaba la garganta muy seca-. Qué sorpresa.
¿Has venido con Miriam? -inquirió mirando detrás de él.
Tom se sentó frente a ella.
-Miriam va a casarse.
-Ya lo sé -repuso _______ intentando no mostrar su fastidio. ¿Qué pretendía,
restregárselo por la cara?
¿Lo sabía?, se preguntó Tom sorprendido. Bueno, tal vez Mary se lo había
dicho. Él jugueteó nervioso con el tenedor que tenía delante.
-Quería haber venido a verte antes, pero creí que necesitarías un poco de
tiempo a solas, para poder pensar. ¿Qué dijo el médico de tu mano? -le preguntó
observando la mano ya sin escayola.
_______ tragó saliva y se irguió en el asiento. De ningún modo podía dejarle
entrever lo infeliz que se sentía, no quería que volviera a sentir lástima por ella.
-Me han dicho que está perfecta -mintió-. Con un poco de rehabilitación podré
volver a tocar igual de bien que antes. Me la harán en Houston. Mi padre se ha
marchado ya para buscar un apartamento que podamos alquilar, y luego volveré a
Nueva York, para retomar mi carrera.
Una sombra cruzó por las facciones de Tom ante la noticia. No era que no se
alegrara por ella, pero aquello sin duda complicaba las cosas, porque de alguna manera
seguía pensando que ella solo se quedaría con él si no podía volver a tocar el piano. ¿Por
qué iba a quererlo a él, cuando tenía delante de sí su brillante carrera?
-Es... es estupendo -balbució-. Bien, entonces has conseguido lo que querías
-añadió sin saber qué más decir.
-Igual que tú -apuntó ella con una sonrisa forzada -. Espero que Miriam y tú seáis
muy felices, Tom.
Él se quedó mirándola boquiabierto, y estaba a punto de corregirla, cuando
apareció la camarera.
-¿El señor también va a desayunar?
Tom respondió que sí antes de dar tiempo a ______ contestar por él, y
ambos le dijeron lo que querían tomar sin apenas fijarse en lo que estaban pidiendo. En
ese momento, la comida era lo último en lo que podía pensar ninguno de ellos.
-______, yo no voy a casarme -dijo Tom cuando se hubo marchado la camarera
con las cartas. Ella lo miró de hito en hito.
-Pero si acabas de decirme que...
-Que se casa Miriam, no yo. Va a casarse con un tipo al que conoció en el Caribe
-explicó-. Es el padre de su hijo.
-Oh -musitó _______ como si le hubieran echado un vaso de agua fría a la cara-.
Lo... lo siento, Tom -murmuró tomando una de sus manos.
Y, en ese instante, fue como si pasase una corriente eléctrica entre los dos. Él
alzó los ojos hacia ella, y entrelazó sus dedos con los de la joven. La había echado
tanto de menos... Su vida y la casa habían parecido tan vacías sin ella... Tom bajó la
vista antes de seguir hablando para que ella no pudiera leer el deseo en sus ojos.
-_______, yo... Siento lo rudo que fui contigo. Tendría que haber sabido que tú no
me mentirías jamás, pero estaba muy enfadado, y me tragué todo lo que Miriam me
contó.
-Sí, yo creía que me conocías algo mejor -murmuró ella torciendo el gesto.
Tom sintió como si le hubiera atravesado el corazón con un alfiler. Era cierto,
debía haber confiado en ella.
-Escucha, cariño, ¿por qué no vuelves a casa con nosotros hasta que tu padre
encuentre ese apartamento? -le dijo con suavidad-, sé que todo esto ha sido muy duro
para ti, pero Miriam se irá pronto.
«Llevándose tu corazón», pensó _______. ¿Por qué?, ¿por qué no podía amarla a
ella? No, debía mirar hacia delante.
-Estoy muy bien aquí -le dijo obstinadamente.
-Pues yo no me siento bien sabiendo que estás en un motel cuando no hay
necesidad -repuso él-. ______, lo siento... de verdad... Ha sido todo culpa mía. Las cosas
iban bien entre nosotros, pero yo tuve que sacar conclusiones erróneas sin tener
siquiera pruebas.
-Tom, por favor, déjalo ya, no quiero sustituir a Miriam. Imagino que esto debe
ser muy doloroso para ti, volverla a perder...
Sin embargo, él no parecía estar escuchándola. Se había llevado la mano de
_______ a los labios, y la estaba besando con tanta sensualidad, que la joven sintió que
el vello de los brazos y de la nuca se le erizaba. Mientras, los ojos cafeces de Tom
observaban encantados como sus mejillas se teñían de un ligero rubor.
-Vuelve a casa conmigo -le susurró-. Podrías volver a ponerte ese salto de cama,
y haríamos el amor...
-¡Cállate! ¿Qué va a pensar la gente? -lo reprendió ella azorada mirando en
derredor.
-Te has sonrojado.
-Por supuesto que me he sonrojado. Porque quiero olvidar aquello -masculló
irritada. Trató de retirar la mano, pero Tom no se lo permitió.
-Si vinieras a casa estos días, Miriam pensará que estamos tratando de arreglar
nuestros problemas, y no se irá creyendo que me ha roto el corazón -le pidió Tom
aferrándose a lo primero que se le ocurrió con tal de convencerla-. Porque la verdad es
que eso es algo que me fastidiaría enormemente...
-¿Y por qué razón tendría que hacerte otro favor? -lo interrumpió _______.
Tom la miró a los ojos.
-Es cierto, no hay ninguna razón - admitió con una media sonrisa-, pero me
gustaría que vinieras... aunque solo fuera para compensarte por el modo en que te he
tratado.
La joven volvió a sonrojarse.
-¿Cómo? ¿Haciéndome el amor? -le espetó irritada-. ¿Crees que estoy tan
desesperada como para conformarme con las migajas que han quedado de tu relación
con Miriam?
-No, no creo eso en absoluto -murmuró Tom contrariado.
La miró a los ojos, tratando de hallar en ellos alguna señal de que no lo había
fastidiado todo. No estaba dispuesto a perderla otra vez, tenía que hacer lo imposible,
no podía rendirse. Quería decirle lo que sentía por ella, pero justo en ese momento
llegó la camarera con lo que habían pedido.
Sin embargo, al menos, mientras desayunaban, Tom logró convencerla
finalmente para que volviera a su casa. _______ no sabía siquiera por qué había dado
su brazo a torcer, pero él había dicho que solo serían unos días, y, en todo caso,
siempre le había resultado difícil negarle nada a Tom.
Cuando llegaron al rancho, Tom le presentó al prometido de Miriam. Él y la
modelo parecían verdaderamente muy felices, se dijo _______ incrédula. Después de
todo, parecía que Miriam era capaz de amar. Jared era un hombre alto, agradable, y
bien educado. Hasta Simone parecía estar tratándola con más cordialidad,
probablemente porque había renunciado al fin a Tom.
-Siento mucho cómo he complicado las cosas entre Tom y tu, _______ -se
disculpó Miriam, llevándola aparte durante la merienda que tomaron en el jardín-. No
era culpa tuya, ni de Tom, que él no me amara -giró la cabeza en dirección a su
prometido, que estaba a unos metros de ellas, charlando con Matt y Mary-. Jared es
todo lo que había soñado en un hombre -le confesó-. Vine aquí huyendo, porque no creí
que quisiera el bebé que llevo dentro, y estaba muy confundida, porque era la primera
vez que sentía algo tan fuerte por alguien. Me he comportado de un modo horrible.
Pensaba utilizar a Tom solo por mi cobardía, porque no me atrevía a preguntarle a
Jared si él quería una vida junto a mí. Lo siento tanto, _______... Solo espero que
ahora que me marcho, Tom y tú podáis solucionar vuestras diferencias y ser felices
al fin.
La joven no creía que eso fuera ya posible, pero al menos la reconfortaba pensar
que Miriam había comprendido que estaba obrando mal, y que al menos al final era
capaz de pensar en la felicidad de Tom. Esbozó una sonrisa.
-Gracias. Espero que tú también seas muy feliz.
-Bueno, me temo que no me lo merezco, ni me merezco a alguien tan maravilloso
como Jared, pero yo también confío en que será así.
Estuvieron charlando unos instantes más, y al cabo Miriam volvió al lado de su
prometido, con lo que _______ se quedó sola junto a la mesa de la limonada, pero
pronto se unió a ella Mary, que llevaba un buen rato mirándola llena de curiosidad.
-¿Qué está pasando aquí? Cuando te vi entrar con Tom estuve a punto de
caerme de espaldas. ¿Habéis hecho las paces? -le preguntó en un susurro.
-No -respondió _______ meneando la cabeza-. Me pidió que viniera para que
Miriam no crea que le ha roto el corazón -dijo enfurruñada-. Ya ves.
Sin embargo, no pudo evitar dirigir una mirada melancólica en dirección a Tom,
de pie junto a su madre, y Mary sonrió para sí al verlo.
-Pues, desde luego, no es esa la impresión que me ha dado a mí por el modo en
que te ha estado echando miraditas toda la tarde - murmuró con picardía.
_______ se rio con desgana.
-Solo está fingiendo, para que Miriam lo vea. Quiere que crea que estamos
intentando solucionar nuestros problemas.
-¿De veras? -inquirió Mary divertida.
-¿Por qué no dejas de...?
Pero no terminó la frase, porque en ese momento Tom estaba mirando en su
dirección también, y sus ojos se habían encontrado, como si fueran dos imanes que se
atrajeran el uno al otro, y quedó atrapada en la fuerza de esos iris ambarinos. Sin
embargo, el hechizo se rompió cuando Simone tiró de la manga de su hijo para
reclamar su atención, y _______ se dio cuenta de que había estado conteniendo el
aliento, y de que Mary estaba mirándola con una sonrisa maliciosa.
Después de la cena, mientras los demás veían un vídeo de las vacaciones de Matt
y Mary, _______ se excusó y fue a cambiarse de ropa. Cuando bajaba, sin embargo, no
sentía deseos de volver con ellos. Necesitaba estar sola, y la biblioteca había estado
llamándola todo el día, como el canto de las sirenas. Allí había un enorme piano de cola,
que había sido del padre de Simone, y que ella misma tocaba, por lo que estaba
perfectamente afinado.
Entró y se sentó frente a él. Tocó una escala con la mano izquierda, y sonó
perfecta. «Estupendo», se dijo sonriente. Entonces, colocó también la mano derecha
sobre el teclado. Le temblaba, y sintió un pequeño pinchazo en el pulgar cuando intento
tocar con ella. _______ contrajo el rostro. «Bueno», intentó animarse, «tal vez las
escalas no sean lo mejor para empezar. Probaré con una melodía sencilla». Escogió una
pieza de Chopin, algo realmente fácil, para principiantes casi, pero su mano derecha
seguía sin responder, floja y temblorosa. _______ gimió con frustración y apretó los
puños contra el teclado, imaginando la cantidad de meses que tendría que practicar
antes de poder tocar siquiera una escala con esa mano.
No oyó a Tom entrar, ni cerrar la puerta tras de sí. Solo cuando se sentó a su
lado, colocándose a horcajadas sobre la banqueta del piano, se dio cuenta de que no
estaba sola. Había estado observándola un rato desde la puerta, y había sentido
curiosidad al escuchar como golpeaba las teclas enfadada. Imaginó que debía estar
sintiéndose totalmente frustrada por el tiempo que le llevaría recobrar su habilidad
frente al piano.
-No puedes tocar, ¿no es eso? -le dijo con voz queda.
_______ comprendió que la había visto, y pensó que había adivinado la verdad.
Apretó los dientes y apartó la vista.
-Tienes que intentar tener paciencia -continuó Tom-. Llevará tiempo, pero como
te dijo el médico, tocarás tan bien como antes, ya lo verás.
La joven alzó el rostro con los labios entreabiertos. Entonces... ¿no se había dado
cuenta? Bueno, se dijo con tristeza, al menos su orgullo estaba intacto.
-Escucha, _______, sé que te herí con las cosas que te dije -murmuró él de repente.
-Da igual. Me dijiste lo que pensabas de verdad. Así al menos puedo saber qué
terreno estoy pisando en vez de ir a ciegas.
-¿Qué vais a hacer tu padre y tú hasta que puedas volver a tocar?
-Sacaremos al mercado un disco con las últimas melodías que estuve grabando, y
volveremos a editar algunos de los viejos álbumes -explicó ella. Acarició el teclado
suavemente con la mano izquierda, sintiendo como un puñal en su alma la pérdida de su
habilidad. Lo peor era que no podía exteriorizarlo en ese momento, delante de Tom,
porque entonces él sabría la verdad, y no quería su compasión-. No tienes que
preocuparte. Mi padre se hará cargo de todo.
Tom resopló enfadado.
-De modo que otra vez gana él, ¿no es así?
La joven lo miró sin comprender.
-¿«Otra vez»? -repitió.
-Ya dejé que se te llevara en una ocasión, hace cuatro años -explicó él. Tenía la
mandíbula muy tensa, y sus ojos relampagueaban-. Te dejé marchar porque él me
convenció de que no podía echar a perder tu carrera haciendo que te casaras conmigo.
Decía que tu carrera era lo más importante, que tenías demasiado talento como para
ser la esposa de un ranchero y que serías muy desgraciada a mi lado.
-Pero tú... tú amabas a Miriam... -balbució ella.
-No, nunca la he amado.
_______ lo estaba mirando de hito en hito, sin poder dar crédito a lo que estaba
oyendo. ¿Tom la había amado a ella? ¿A ella, y no a Miriam?
Él la tomó por la barbilla, y se inclinó hacia ella.
-Nunca he amado a nadie más que a ti.
Y empezó a besarla con la pasión que se había ido acumulando en su interior
todos aquellos días sin verla. Cuando despegó sus labios de los de _______, los ojos de
la joven brillaban como si fueran estrellas.
-Pasa la pierna por encima de la banqueta -le dijo Tom.
Y la hizo sentarse igual que él, de modo que quedaron sentados el uno mirando de
frente al otro. Entonces, la alzó y la sentó a horcajadas sobre él, en un contacto muy
íntimo, para que ella pudiera notar lo excitado que estaba. _______ le clavó las uñas en
los hombros.
-¡Tom, no...! -protestó débilmente.
Pero él la mantuvo en esa postura a pesar de su forcejeo. Tenía las facciones
rígidas y su respiración se había tornado entrecortada.
-No pienso dejarte ir de nuevo -le susurró con voz ronca-. Te casarás conmigo...
_______ quería decirle que no, que la dejara salir de allí, pero la sensación de sus
caderas contra las de Tom le impedía articular palabra alguna.
-Di que sí -la instó él besándola otra vez -. Dilo, porque si no, tendré que
poseerte aquí mismo -sus manos la atrajeron más hacia sí, y _______ pudo notar lo real
y física que era esa amenaza.
-Sí, Tom, sí... -balbució a duras penas, no porque estuviera asustada, sino
porque lo amaba demasiado como para rechazarlo por orgullo una segunda vez.
Los labios de él volvieron a tomar los de _______, y ella se aferró a él,
abrazándolo igual que la hiedra se enreda en los árboles. Sin que ella supiera cómo,
Tom se deshizo de su camisa y de la camiseta de ella, y lo pudo sentir desnudo de
cintura para arriba, frotando su musculoso tórax contra sus delicados senos, mientras
seguía besándola hasta que se notó los labios hinchados. Las fuertes manos de Tom
recorrían su espalda una y otra vez, y la hacía moverse contra él en un ritmo excitante
que pronto la hizo gemir por lo íntimo y agradable que resultaba.
-Será igual en la cama -le susurró Tom al oído-, solo que entonces nos uniremos
del modo más íntimo posible. Y entonces te acunaré contra mi cuerpo... así... y nos
entregaremos el uno al otro entre las sábanas...
La lengua del ranchero invadió la boca de _______, y la joven se arqueó hacia él,
gimiendo, temblando mientras sus dedos se enredaban en su cabello. Y, de pronto, una
serie de imágenes tremendamente eróticas irrumpieron en su mente: el esbelto y
bronceado cuerpo de Tom sobre ella, la piel brillante y sudorosa, moviéndose contra
sus caderas rítmicamente, despacio, como las olas del mar... el rostro contraído por el
placer, el aliento tembloroso, su boca buscando sus senos...
A _______ se le cortó la respiración. Un placer sin igual la sacudió cuando él
hincó las manos en sus caderas, atrayéndola aún más hacia sí.
-Te deseo tanto, _______...
-Yo también te deseo, Tom -balbució ella deslizando las manos hacia sus muslos.
Tom se estremeció por la fuerte necesidad de rendirse a sus instintos, pero no
podía dejar que ocurriera así, no de aquel modo. Se apartó un poco de ella y la tomó
por las sienes, forzándola a mirarlo.
-Así, no, _______ -le dijo jadeante-. Nuestra primera vez no puede ser así, sobre la
banqueta de un piano, en una habitación sin el pestillo echado.
La joven sintió como si despertara de un sueño y poco a poco fuera volviendo a la
realidad.
-Quiero que sigas siendo virgen antes de llegar al altar, _______, quiero que nuestra
noche de bodas lo sea de verdad. Y no me importa que la gente hoy en día piense que
es algo anticuado, así es como debería ser el matrimonio: con respeto mutuo, teniendo
paciencia para esperar.
Respeto, paciencia... Pero no había mencionado el amor, se dijo la joven. Tal vez
estaba siendo demasiado exigente. Quizá con el tiempo conseguiría que la amara.
-Tu madre tenía razón -le dijo esbozando una sonrisa-, eres un puritano -dijo
para picarlo.
-Como si tú no lo fueras... -repuso él sonriendo también. La bajó de encima de él
y comenzó a vestirla de nuevo, para después vestirse él-. Además, me encanta la idea
de una novia tímida que se sonroja constantemente.
La joven se rió suavemente y se quedaron largo rato mirándose a los ojos.
-Esta vez saldrá bien, _______, a pesar de tu padre, y de Miriam, y de todos los
demás obstáculos que puedan surgir.
-Sí, saldrá bien -asintió ella tratando de esbozar una sonrisa confiada,
Tenía que salir bien, se dijo, porque no podría soportar tener que dejarlo de
nuevo. Más adelante le explicaría lo que había ocurrido con su padre, pero por el
momento quería saborear aquella esperanza recién nacida de una vida juntos. Sí, quizá
el amor llegaría después. Entretanto, viviría el día a día.
Su única preocupación era que pudiera enterarse de que su carrera había
quedado truncada por el accidente, porque podía pensar que solo buscaba seguridad a
su lado.
Aquella noche llamó a su padre para contarle lo sucedido. Contra lo que esperaba,
no se disgustó ni pareció decepcionado, sino que incluso la felicitó de corazón. Le dijo
que había ido a la discográfica, y que pronto empezarían a negociar los contratos, y le
aseguró que tendría su parte de esos acuerdos que estaba negociando en su favor.
Aquello la tranquilizó, porque significaba que tendría un colchón para el futuro,
en caso de que Tom se cansara de ella y tuviese que arreglárselas sola.
Cuando colgó el teléfono se metió en la cama, preguntándose si había hecho lo
correcto aceptando la proposición de Tom. No estaba segura de que fuera justo para
él, que acababa de perder a la mujer a la que amaba. Tal vez debería haberse
marchado, dejar que sus caminos se separaran para siempre.

CAPÍTULO 11
-Bien, así que la boda vuelve a estar en marcha, ¿eh? -inquirió la madre de Tom
mirando a su hijo con una ceja enarcada, cuando _______ y él le dieron la noticia-. Ya
veo. ¿Y por cuánto tiempo esta vez, Tom?
-Esta vez es definitivo -contestó él-. Um... supongo que no devolverías el vestido...
-No, no lo devolví -respondió Simone con los brazos cruzados-. Lo guardé en mi
armario, porque tenía la convicción de que debías haber heredado al menos algo de mi
sentido común, y que eso haría que no repitieras el mayor error de tu vida.
-Entonces... ¿No lo devolviste? -inquirió _______ sin poder creerlo.
-Por supuesto que no -reiteró la mujer dirigiéndole una afectuosa sonrisa-. Como
he dicho, esperaba que este cabezota volviese a sus cabales. La único que me tenía un
poco intranquila era que pudieran volver a entrarle dudas. Sobre todo cuando el
pasado empezó a interferir con su presente.
-Algún día te hablaré de eso, madre -le prometió Tom-. Pero ahora, ¿qué hay de
la organización de la boda?
-Llamaré a Shelby Ballenger esta misma noche -respondió la mujer. Y mirando a
_______ y después a su hijo, le dijo a este-. Esta vez no la dejes escapar.
Él miró a la joven sonriente.
-Ni hablar. Esta vez no.
________ estaba tratando de no exteriorizar el nerviosismo que la estaba
devorando por dentro. El ansia que había en los ojos de Tom era muy real, y de
pronto se encontró preocupándose por sí podría satisfacerlo. ¿Cómo podría cuando era
virgen y no tenía ninguna experiencia?
Tom vio el temor en su rostro, y lo malinterpretó.
-¿No estarás arrepintiéndote de haber aceptado?
-No, es solo que... el matrimonio es un paso que no se debería dar a la ligera

-repuso ella.
-Vamos a ser muy felices, ya lo verás. Te daré todo lo que quieras. Puedes
pedirme hasta la luna.
La joven apartó la vista. En el otro extremo del salón, charlando con el resto de
la familia estaban Miriam y su prometido. Parecían la viva estampa de la felicidad
prenupcial, no como Tom y ella, tan tensos y nerviosos ante el otro, tan inseguros
sobre las cuestiones que tendrían que afrontar.
-No quiero la luna. Me conformaría con que nuestro matrimonio funcione.
-Funcionará -le aseguró él-. Nos conocemos de toda la vida, y tenemos
muchísimas cosas en común. Funcionará, _______.
Shelby Ballenger llegó temprano al día siguiente, y Mary, Simone, ella y _______,
se pasaron casi toda la mañana discutiendo los pormenores de la organización del
enlace. Cuando se hubo marchado, a ________ le daba vueltas la cabeza.
-Oh, Dios... -gimió mientras almorzaban-. Creo que no quiero una boda. Es
demasiado complicado...
-Podríamos escapamos y casarnos en un casino de Las Vegas -sugirió Tom
divertido.
Simone le lanzó una mirada de reproche.
-Ni hablar. Tendréis una boda como Dios manda. No viviréis en pecado bajo mi
techo.
-¡Solo bromeaba! -exclamó Tom riéndose.
-Querida, no te agobies -le dijo Simone a ______ -ya tenemos el vestido. Mary
va a ir hoy a hablar con el párroco, y solo quedan el banquete y las invitaciones.
-Podríamos llamar a la gente por teléfono y hacer una barbacoa en el jardín
-intervino Tom de nuevo.
Simone le tiró su servilleta a la cara.
-_______, ¿te gustaría venir a ver a los gatitos? -propuso Tom cuando estaban
terminando el postre-. No puedes hacerte una idea de lo que han crecido mientras has
estado en la ciudad.
La joven se quedó dudando un instante. Le apetecía mucho ver a los gatitos, pero
no estaba segura de querer estar a solas con él. Su sola mirada hacía que sintiese un
turbador cosquilleo por todo el cuerpo.
-Venga, gallina -la picó Tom. Estaba tan guapo con sus vaqueros y su camisa a
cuadros.
-De acuerdo -capituló _______, levantándose y siguiéndolo, bajo la mirada
divertida de Simone y Mary.
Tom la tomó de la mano mientras caminaban hacia el establo, entrelazando sus
dedos con los de ella. ______ se dio cuenta de que llevaba un rato observándola con
el rabillo del ojo.
-Me encanta cuando llevas el pelo suelto -murmuró.
-¿De veras? -contestó ella sonriendo y sonrojándose ligeramente-. La verdad es
que no es muy práctico, se me viene a la cara todo el tiempo.
Tom se caló el sombrero hasta los ojos para protegerse del sol.
-Parece que hoy va a hacer mucho calor. Podríamos ir a nadar -sugirió mirándola
de reojo.
-No, gracias -replicó ella al instante.
-¿Temes que la historia se repita? -inquirió Tom con suavidad. Se detuvo
frente a la puerta del establo y se volvió hacia ella, mirándola a los ojos-. Tal vez
estés haciendo bien negándote. Estamos comprometidos, ______, y esta vez tal vez no
sería capaz de controlarme; tendría que tenerte.
-Entonces, tanto mejor -contestó ella-, quiero llegar al altar siendo virgen aún.
Los ojos de Tom estaban escrutándola, buscando algún signo que le dijera qué
estaba pasando por su cabeza en ese momento.
-¿Crees que serías menos pura si expresáramos con nuestros cuerpos lo que
sentimos el uno por el otro?
-¿Eso es lo único que sientes por mí, no es cierto? -le espetó-. Ya me lo has dicho
mil veces, que me deseas. Me haces sentirme como si fuera algo que quisieras utilizar.
Tom se apartó de ella bruscamente.
-¡Por Dios, me es imposible llegar hasta ti! -exclamó con amargura.
-Yo no lo diría de ese modo -le corrigió la joven, rodeándose con los brazos-.
Hace cuatro años ya me deseabas, pero te casaste con Miriam. La amabas a ella, pero
a mí no, y sigue siendo igual.
Tom se quedó callado un momento antes de hablar.
-Hace cuatro años, Miriam me dijo que estaba embarazada -le explicó-, y para
cuando me di cuenta de que no era cierto, ya estaba casado con ella.
_______ lo estaba mirando con los ojos muy abiertos, comprendiendo de pronto
muchas cosas. Sin duda Miriam y él se habrían estado acostando, por eso él no podría
haber estado seguro de que no era suyo. Probablemente incluso, se dijo asqueada,
cuando empezó a besarla y acariciarla aquel día junto a la charca, ya habría hecho el
amor con Miriam.
Se giró sobre los talones, queriendo huir de allí, pero él la retuvo por el brazo, y
la hizo girarse hacia él.
-¡No es lo que estás pensando, _______! -casi gritó-. Siempre fuiste tú, tú desde
el principio. Era Miriam la que te sustituía a ti, no tú a ella -la abrazó con fuerza,
apretando los dientes -. Aquel día junto a la charca me tuve que obligar a parar,
porque, de no haberlo hecho, habría llegado hasta el final. Me quedé tan frustrado que
los días siguientes estaba frenético, y finalmente, me desahogué con Miriam. Ella,
estaba dispuesta y yo la utilicé. Ella lo sabía, y me odió por ello, y con toda la razón.
Me comporté como un canalla. Al cabo de una semana vino a verme y me dijo que
estaba embarazada, así que me casé con ella, porque me pareció que era lo único
honorable que podía hacer. Tú tenías una brillante carrera, y me pareció que eras
demasiado joven para el matrimonio, así que te dejé ir. Dios mío, ¿crees que no he
pagado desde entonces por aquella decisión? He estado pagando por ello desde hace
cuatro años, y sigo pagándolo aún.
A ______ le dio la impresión de que el tiempo parecía estar ralentizándose a
medida que sus palabras iban penetrando en su mente.
-¿Le hiciste el amor a Miriam porque me deseabas a mí? -inquirió débilmente. Lo
cierto era que eso mismo era lo que le había dado a entender la modelo, que era una
obsesión para él.
-Sí -asintió él con un pesado suspiro-. Y no podía tenerte - inclinó la cabeza hacia
ella y apartó el cabello de uno de sus hombros, y sus labios se afanaron sobre el cuello
de la joven-. No habría sido capaz de parar aquel día, _______ -le dijo con voz ronca-.
Una vez te hubiera poseído, no habría podido dar marcha atrás -su boca se abrió, para
estimular con la lengua la sensible piel detrás de la oreja-. No habría podido dejarte
ir, ¿no lo comprendes? Habrías sido mía, completamente mía.
La joven cerró los ojos, los besos de Tom estaban haciendo que le temblaran
las rodillas.
Él la llevó al establo desierto, cerrando la puerta y acorralándola contra la pared
de madera. Sus cuerpos estaban pegados, y ______ podía sentir a Tom
estremecerse por el deseo. .
-Haré que te cases conmigo sea como sea -dijo contra sus labios-, aunque para
ello tenga que tomar tu cuerpo antes de la boda.
-Eso sería chantaje -protestó ella.
-Bésame, ______ -le ordenó Tom, colocándola a horcajadas en torno a su cintura.
Sin darle tiempo a reaccionar, tomó posesión de sus labios, empujando sus
caderas hacia las de ella, y haciéndola gemir sin descanso.
Pasaron varios minutos antes de que desenganchara los brazos de la joven de su
cuello, y la bajara al suelo de nuevo, apartándose de ella jadeante.
-Te daré un mes -le dijo mirándola con un ansia salvaje en el rostro-. Si para
entonces el anillo de casada no está en tu dedo, prepárate, porque no pienso esperar ni
un día más para tenerte, ni un día más.
Se giró sobre los talones y salió del establo, dejándola allí, temblorosa, con la
espalda contra la pared.
Exactamente un mes después, estaba pronunciando sus votos frente al altar en
la iglesia Metodista de Jacobsville, con su padre a su lado para entregarla a Tom.
Este había cumplido su palabra, y no la había tocado desde aquel día en el establo,
pero la misma luz salvaje que había brillado en sus ojos entonces, relumbraba cada vez
que la joven lo miraba. Tal vez no la amara, pero la pasión que sentía por ella era tan
ardiente como la lava de un volcán.
Miriam se había ido ya hacía varias semanas al Caribe con su prometido, e incluso
les había mandado fotos de la boda.
Tom, por su parte, había estado manteniéndose muy ocupado con el rancho
hasta ese día, y Simone le confió a ______ que desde luego había sido lo mejor,
porque en las últimas semanas estaba insoportable, saltando a la más mínima. Solo la
joven sabía a que se debía, y lo cierto era que la tenía bastante nerviosa, porque le
preocupaba que ese ardor contenido lo hiciera ser brusco con ella en la noche de
bodas.
Tom había reservado una habitación en un hotel en el Golfo de México, junto al
mar, donde pasarían una semana de luna de miel.
Cuando hubo terminado la ceremonia, se fueron todos al banquete, donde hubo
los acostumbrados brindis y el baile. Después regresaron a la casa, y antes de que
_______ subiera a cambiarse, Simone la detuvo para besarla y abrazarla, secándose
las lágrimas de los ojos.
-Eres la novia más bonita que ha visto esta comunidad en muchos años -le dijo
emocionada-. Tengo una corazonada de que esta vez todo saldrá bien, cariño.
-Yo también lo espero -murmuró ________, radiante a pesar de sus temores.
Matt y Mary se acercaron a felicitarla también, seguidos de Shelby Ballenger y
su marido Justin.
-Gracias por todo, Shelby -le dijo _______-. Ha sido lo más hermoso que podía
haber soñado jamás. La iglesia estaba preciosa.
-Ha sido un placer poder ayudar -le aseguró Shelby, lanzando una mirada
cómplice y feliz a su esposo-. Espero que seas muy feliz.
-No es difícil -le aseguró Justin estrechándole la mano a _______ para
felicitarla también -. Solo hay que saber dar para poder recibir. Seguro que os irá muy
bien.
-Gracias -murmuró ______.
Shelby y Justin se alejaron, ella del brazo de él, y _______ los miró con envidia,
preguntándose si Tom y ella podrían jamás llegar a ser la mitad de felices de lo que
ellos parecían.
En ese momento, apareció Tom por detrás, y le rodeó la cintura con el brazo,
atrayéndola hacia sí. Era la primera vez en un mes que estaban tan cerca. .
-El equipaje ya está en el coche -susurró contra sus labios-. Sube a cambiarte y
marchémonos. Quiero tenerla solo para mí... señora Kaulitz -dijo besándola de un
modo que la hizo estremecerse de anticipación. Oírlo llamarla de ese modo resultaba
tan dulce, tan hermoso...
Una vez cambiada, volvió a bajar, y ella y Tom abandonaron la casa, con los
invitados lanzándoles arroz y confeti y deseándoles que fueran muy felices.
Tomaron el coche de Tom, y a _______ casi le parecía haberlo soñado todo
mientras avanzaban por la ondulante carretera. Cuando al fin llegaron al hotel, junto a
la bahía de Galveston, _______ se quedó maravillada. Era el lugar más hermoso que
habría podido imaginar para su luna de miel.
Después de que se registraran y dejaran las maletas en la recepción, fueron a
cenar a un restaurante que había en el paseo marítimo, construido en el edificio de un
viejo faro, y cuando salieron, Tom le propuso que dieran un paseo por la playa a la luz
de la luna. Estaba siendo el día más romántico de su vida, se dijo la joven. Se sentía en
una nube.
Para cuando regresaron al hotel, _______ estaba tan relajada, que ni siquiera
protestó cuando él la alzó en sus brazos para cruzar el umbral de la habitación, y
empezó a besarla con fervor.
Tom no se molestó siquiera en encender la luz. Cerró la puerta tras de sí, y la
llevó hasta la cama, donde la sentó. _______ se dejó llevar, envolviéndose en la
sensación de sus besos y caricias mientras la desvestía y se desvestía él, y gimió
extasiada cuando sintió su cuerpo desnudo tumbarse sobre el de ella.
Los minutos fueron pasando lentamente, y la temperatura empezó a subir en la
habitación, o al menos eso le parecía a _______. Había esperado tanto aquel momento,
y él estaba haciéndole el amor con tal ternura y delicadeza, que la joven no sintió
ningún temor cuando la hizo suya. Hubo una sombra de dolor, pero pasó, y pronto, a
medida que él iba estableciendo un ritmo, moviéndose dentro y fuera de ella, todo fue
placer, un placer que iba en aumento, hasta que explotó, como una ola que los engullese
a los dos.
Minutos después yacían el uno en brazos del otro, sudorosos, exhaustos, pero
satisfechos.
-¿Estás bien, Tom? -murmuró la joven, recobrando apenas el aliento, y
sintiéndolo temblar aún sobre ella.
-Ahora sí -contestó él-, porque sé que me amas. No habría sido así de perfecto,
si solo hubiera habido deseo, no nos habríamos compenetrado de este modo si tú no
sintieses algo por mí.
_______ cerró los ojos. Había descubierto su secreto. Aquel había sido de todos
su mayor temor, que cuando hiciesen el amor su cuerpo la delatase. ¿De qué servía
fingir ya, de qué serviría negarlo?, se dijo hundiendo los dedos entre el corto cabello
húmedo de Tom.
-Sí, te amo, siempre te he amado -asintió.
Tom la atrajo hacia sí con un suspiro de satisfacción y su mano recorrió el
trecho que iba desde su cintura hasta uno de los perfectos senos. Dejó escapar una
risa suave, gozoso.
-Ahora eres mía -le dijo-, y nunca te dejaré marchar.
-¿Aunque solo sientas deseo por mí? -lo interpeló _______ con tristeza.
- Yo te deseo, sí -contestó Tom-, te deseo hasta la locura, pero si solo fuera
deseo lo que siento por ti, me conformaría con cualquier mujer hermosa. Pero ese no
es el caso. Escucha, ______, no solo fui incapaz de hacerle el amor a Miriam en esos
cuatro años. No desee a ninguna otra mujer. ¿No es esa prueba suficiente de mi amor?
La joven se quedó sin aliento. ¿Había dicho... amor? Se apartó un poco de él para
poder mirarlo a los ojos.
-Tú... ¿me amas?
-Dios mío, ______, te amo con toda mi alma y todo mi corazón -murmuró él con voz
ronca-. ¿No lo sabías, vida mía? ¿Nunca te diste cuenta? Mi madre siempre lo ha
sabido, y Mary y Matt también. Incluso Miriam. ¿Cómo es que tú no?
La joven se rió temblorosa. Una ola de felicidad estaba invadiéndola. De pronto
sintió que, si quisiera, podría tocar las estrellas con las puntas de los dedos. ¡Tom la
amaba! Nunca había imaginado que el amor correspondido pudiera provocar semejante
dicha.
-Oh, Tom, estaba tan ciega... Yo también te quiero, te quiero, te quiero tanto...
Pero no pudo decir más, porque él se había inclinado hacia ella, y estaba
besándola de nuevo, apasionadamente. Cuando al fin se separaron, Tom la miró con
los ojos brillantes y llenos de amor.
-Dios sabe cómo seré capaz de compartirte con el escenario, pero hallaré el
modo -murmuró acariciándole la mejilla-. Lo que es importante para ti, es importante
para mí.
La joven bajó la vista y contrajo el rostro.
-Tom, yo... no te dije toda la verdad. Podré volver a tocar... pero no como antes.
No quería que sintieses compasión por mí, ni que creyeses que me casaba contigo para
no tener que preocuparme por el futuro.
Él la abrazó contra sí.
-Lo siento, cariño, lo siento muchísimo.
Pero la joven se apartó de nuevo de él y sacudió la cabeza suavemente.
-No lo sientas, Tom, yo no me siento mal. Puedo enseñar, y nunca me gustó
realmente la vida de concertista, siempre de aquí para allá. Quiero tranquilidad, y
quiero un hogar, un verdadero hogar, e hijos... y te quiero a ti. No cambiaría lo que
tengo ahora ni por ser tan grande como Van Cliburn.
Se abrazó de nuevo a él y cerró los ojos, sonriendo con una felicidad y una paz
interior que no había conocido en años. Una nueva vida se abría ante los dos.
Diana Palmer - Serie Hombres de Texas 5 – Ethan.

HOLA!!! BUENO ESTE ES EL FINAL DE ESTA HERMOSA HISTORIA ... GRACIAS POR LEERLA ... AHORA VAMOS CON LA SEXTA :)) ... BUENO AHI SE VEN EN LA SIG.

AUTORA: DIANA PALMER
TOM KAULITZ: ETHAN HARDEMAN
______ CRAIG: ARABELA CRAIG
SIMONE KAULITZ: CAREEM HARDEMAN 


BUENO HASTA PRONTO :))

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