martes, 17 de mayo de 2016

6 y 7

CAPÍTULO 6
_______ no se atrevía a mirar a Tom a los ojos, y el ligero temblor de sus
brazos la estaba asustando. Parecía fuera de control, y era tan fuerte que no podría
detenerlo. Trató de apartarse de él, pero Tom no hizo sino atraerla aún más hacia sí.
-¿Qué ocurre, ______? -inquirió con voz ronca.
-Es a Miriam a quien deseas, no a mí -murmuró la joven desesperada-. Yo solo
vuelvo a sustituida, nada más.
Sus palabras dejaron a Tom tan confundido que sus manos dejaron de sostenerla con
tanta firmeza, y ella aprovechó para apartarse. _______ sintió que no podía soportar
ni un minuto más estar en un sitio tan cerrado con él, así que abrió la puerta y bajó de
la camioneta. Se quedó allí de pie, de espaldas al vehículo, rodeándose con los brazos
mientras observaba el horizonte sin apenas verlo.
Tom salió también de la camioneta y ______ lo oyó encender un cigarrillo. Al
rato había rodeado el vehículo y estaba frente a ella.
-¿Quieres dar un paseo? -le dijo mirándola algo inseguro, como si se sintiera mal
por lo ocurrido.
La joven asintió, y dejó que la llevara por una vereda en sombra que discurría
junto a un riachuelo.
-No estabas sustituyendo a Miriam -le dijo Tom quedamente al cabo de un rato.
______ se sonrojó y rehuyó su mirada.
-¿Ah, no?
Tom dio una calada al cigarrillo y observó el agua corriendo.
-Lo mío con Miriam se acabó incluso antes de empezar.
-Tal vez ella haya cambiado -apuntó _______ metiendo el dedo en sus propias
llagas. Se detuvo y se apoyó contra el tronco de un árbol-. Quizá podríais daros una
segunda oportunidad.
Tom se había detenido también.
-La única razón por la que Miriam quiere una segunda oportunidad es para volver
a humillarme -repuso él-. Solo le importaba el tamaño de mi billetera. A ningún hombre
le gusta que lo traten como si fuera una tarjeta de crédito andante -continuó él. Tiró
el cigarrillo al suelo y aplastó con la punta de la bota-. Y si no me ayudas a que nuestra
relación fingida parezca creíble, jamás se dará por vencida -le dijo lanzándole una
mirada de reproche. Tom empezó a acercarse a ella-. Dijiste que necesitarías un
poco de cooperación... pues bien, la tendrás.
-No, Tom -gimió ______, adivinando cuáles eran sus intenciones. Tal vez fuera
muy inocente para su edad, pero reconoció en sus ojos cafeces la misma mirada que
había visto en ellos aquel día junto a la charca-. ¡Oh, Tom, no lo hagas! Esto es solo un
juego para ti. Es a Miriam a quien deseas. Siempre ha sido ella, siempre, ¡nunca yo!
Pero él se había colocado ya delante de ella, y había plantado las manos en el
tronco, a ambos lados de sus brazos, aprisionándola. La joven lo miró suplicante.
-No es cierto -murmuró Tom observándola como hipnotizado. El corazón le latía
con fuerza, y se sentía más vivo que nunca.
-No... -le rogó otra vez ______ sin aliento. El olor a colonia y tabaco de Tom,
su masculinidad, la estaban haciendo temblar por dentro. No quería volver a sentirse
vulnerable, no quería que la hirieran de nuevo-. Por favor, no...
-Mírame.
Ella sacudió la cabeza.
-Mírame, ______ -repitió él con más energía.
La autoridad en su voz la hizo alzar la vista involuntariamente, y ya no pudo
apartarla. Tom se acercó aún más a ella, haciéndole sentir su creciente excitación.
Los ojos de la joven se abrieron como platos. Apenas podía respirar. Tom dejó
escapar un gemido casi gutural, cerró los ojos, y ______ lo notó temblar. Se quedó
muy quieta, con los labios entreabiertos.
Finalmente, él volvió a abrir los ojos y la observó durante un largo rato.
-Dios mío... -suspiró-. Hacía tanto tiempo...
Sus labios descendieron sobre los de ella con fiero placer. Volvía a sentirse como
un hombre completo. Casi no podía creerlo.
_______ estaba hundiéndose con él en aquel mar de deliciosas sensaciones. El
calor del cuerpo de Tom estaba despertando en ella un ansia que no comprendía.
-¡No podemos hacer esto, Tom! - gimió atormentada-, ¡no puedo volver a
amarte!, ¡no quiero acabar herida de nuevo!
Tom se detuvo un momento, y la miró sorprendido. De modo que de eso se
trataba... Ese era su miedo... Sonrió levemente.
-No tienes que preocuparte, _______ -la tranquilizó-. Iremos poco a poco -murmuró
volviendo a inclinar la cabeza hacia ella -. ¿Recuerdas cuando te enseñé a besar... con
los dientes y la lengua además de los labios?
La joven lo recordaba muy bien, pero, aunque no hubiera sido así, no importaba,
porque al instante él estaba enseñándoselo de nuevo. Sintió primero como los labios de
Tom rozaban con delicadeza los suyos, como tiraron después suavemente del labio
inferior, luego el superior... sintió como trazaba el contorno con la lengua y como la
mordisqueaba con cuidado para hacerle abrir la boca e invadida despacio.
Un largo gemido escapó de la garganta de la joven, y su cuerpo se puso tenso
también. Involuntariamente, los dedos de su mano sana comenzaron a abrirse y
cerrarse sobre el tórax de Tom, arañándole levemente la camisa con las uñas.
-Ábremela -murmuró él contra sus labios.
La joven se quedó dudando, pero él la besó con mayor sensualidad.
-Hazlo -volvió a insistir contra sus labios-. Nunca me has tocado de ese modo, y
quiero que lo hagas.
______ se decía que no debían seguir adelante, pero era como si sus manos
ansiasen conocer el tacto de su cuerpo, de su piel morena, y finalmente comenzó a
desabrocharle botón tras botón mientras él continuaba besándola sin cesar. Al fin
logró sacar el último del ojal, y sin esperar más enredó sus dedos en la mata de vello
rizado del pecho.
Sin pensar, se hecho un poco hacia atrás, despegando sus labios de los de él para
admirarlo, y se quedó maravillada del musculoso tórax ante sus ojos.
-Bésame -murmuró él con la voz ronca por la excitación-. Aquí... así... -le indicó
tomándole la cabeza y bajándola hasta su pecho.
La joven inhaló el olor a colonia y jabón antes de comenzar a imprimir besos
sobre cada centímetro de su tórax. De pronto, sin embargo, lo notó ponerse tenso de
nuevo, y a continuación estremecerse.
-¿Tom? -lo llamó insegura de si debían continuar.
-No debes preocuparte, _______ -le dijo él acariciándole el cabello-. Déjame
alzarte... ¡Dios, nena...! - gimió volviendo a estremecerse.
La había levantado del suelo, inmovilizándola contra el tronco del árbol con sus
caderas. ______ le echó los brazos alrededor del cuello, y se quedaron los dos
quietos, temblando de deseo por el íntimo y eléctrico contacto.
_______ gimió al notar que él la embestía suavemente.
-Me quieres más cerca, ¿verdad? - inquirió él-, mucho más cerca... Yo siento lo
mismo... Rodéame la cintura con las piernas y mueve las caderas, cariño... así...
Tom insinuó una pierna entre sus muslos, intensificando el íntimo abrazo.
-Te deseo tanto... -murmuró con sus manos en las caderas de ella, moviéndolas
despacio hacia delante y hacia atrás mientras la besaba-. Te deseo tanto, _______...
La joven no podía siquiera contestar. Tenía los ojos cerrados y por primera vez
se sentía realmente suya. Quería darle cualquier cosa que pidiera, lo que quisiera. Se
sentía incapaz de negarle nada. No quería que parara... pero Tom paró. La miró a los
ojos y, muy despacio, la bajó al suelo, para después tomarla en brazos y llevarla a la
camioneta.
Una vez la hubo sentado dentro, entró él también, sentándose a horcajadas
sobre ella, las rodillas hincadas a cada lado de los muslos de _______. Observó
encantado sus mejillas encendidas.
A ______ aún le costaba respirar con normalidad. No podía creer lo que
acababa de ocurrir, y entonces se preguntó si él no lo habría hecho porque Miriam
estaba en el rancho, con la esperanza de que los hubiera visto. Sus ojos verdes
descendieron hacia la camisa todavía abierta de él y se quedó contemplando el
musculoso tórax.
-¿No tienes nada que decir? -inquirió Tom quedamente.
Ella sacudió la cabeza.
-No voy a permitir que finjas que esto no ha ocurrido, ______ -murmuró él
acariciándole el labio inferior con el índice-. Dios... cuatro años y la intensidad de las
sensaciones no ha disminuido... Cada vez que nos tocamos es como si saltaran chispas.
-Pero es solo algo físico, Tom -protestó ella.
El le peinó el cabello con los dedos.
-No es verdad.
-Miriam está aquí y te sientes frustrado porque ella no te deseaba...
Él enarcó una ceja.
-¿Tú crees?
La joven apartó la vista.
-¿No deberíamos volver?
-Fuiste tú quien pidió un poco de cooperación -le recordó él.
-¿Por eso me besaste?, ¿por eso has hecho lo que acabas de hacer? -aventuró
ella.
-No, no fue por eso -murmuró él besándola con ternura en los párpados-. A tu
lado vuelvo a sentirme completo.
______ no podía comprender aquello. Tom le había dicho que no había podido satisfacer a Miriam, pero era obvio que no era ningún principiante: aún estaba
temblando por la intensidad de sus besos y sus caricias.
-¿Y qué vas a hacer esta noche para evitar que Miriam se cuele en tu dormitorio?
-le preguntó tratando de cambiar de tema.
-Déjame eso a mí -le contestó él-. ¿Estás segura de que quieres volver a la casa?
En realidad no lo estaba, pero asintió con la cabeza.
Tom tomó el rostro de la joven entre sus manos para que lo mirara a los ojos.
-Si solo quisiera tu cuerpo, lo habría tomado hace cuatro años -le dijo con
suavidad-. Sé que aquel día, junto a la charca, te habrías entregado a mí.
_______ entreabrió los labios y dejó escapar un suspiro tembloroso.
-No entiendo.
-Eso es obvio -respondió él. La besó y se bajó de la camioneta, rodeándola para
sentarse frente al volante.
-Pero tú me dijiste que todo esto era solo para librarte de Miriam -balbució
_______ mientras ponía el motor en marcha-, que solo sería fingido.
Él giró la cabeza para mirada, observando satisfecho los labios hinchados por sus
besos y las mejillas teñidas de un suave rubor.
-Sí, pero hace un momento no estábamos fingiendo precisamente -apuntó-. Te he
dicho que iremos poco a poco, y así es como va a ser. Simplemente, deja que suceda.
-No quiero un romance -replicó ella.
-Tampoco yo -contestó Tom. Y puso el coche en marcha, saliendo al camino de
tierra por el que habían llegado hasta allí-. ¿Nunca has tratado de imaginar como sería
si hiciéramos amor? -le preguntó de repente.
La joven se sonrojó, pero no vio ningún motivo para mentir.
-Sí -respondió con un suspiro.
-No hay por qué avergonzarse. Es perfectamente natural sentir esa clase de
curiosidad, sobre todo conociéndonos como nos conocemos desde hace años -le dijo
Tom-. Pero tú no quieres hacerlo fuera del matrimonio, ¿me equivoco?
-No -contestó ella con sinceridad, mirando fijamente el parabrisas.
Tom la miró por el rabillo del ojo, pero no dijo nada.
______ se sentía como si de pronto estuviera envuelta en una maraña de hilos.
Ya nada parecía tener sentido, y no podía creerse el cambio de actitud de Tom hacia
ella. Desde luego era obvio que la deseaba, pero, ¿no sería porque no podía tener a
Miriam? ¿O había alguna otra razón que ella no alcanzaba a ver?
La cena de aquella noche fue bastante tensa. Miriam no hacía más que
encontrarle faltas a cada plato, y no hacía más que mirar a _______ con odio, como si
quisiera que desapareciera. La joven se dijo que tal vez los hubiera visto cuando
regresaron de la ronda con la camioneta. Su cabello estaba despeinado, los labios
despintados e hinchados, la ropa algo arrugada... No hacía falta tener mucha
imaginación para imaginar lo que Tom y ella habían estado haciendo.
______ estaba en lo cierto. Efectivamente, Miriam había reconocido al instante
aquellos signos, y se había puesto furiosa. Además, le dolía ver el modo en que Tom
estaba mirando a la joven, con el mismo deseo con que la había mirado a ella antes de
casarse. Sus esperanzas de reconciliación se estaban desbaratando como castillos de
naipes. No amaba a Tom, pero era un golpe para su orgullo verlo con otras mujeres, y
más aún con alguien como _______, la mosquita muerta... Era culpa suya que Tom
nunca hubiera caído del todo bajo su embrujo. La había deseado, sí pero su corazón
siempre había pertenecido a la joven sentada en ese momento junto a él. Y, por
supuesto, _______ debía haberlo sabido siempre. Precisamente por eso, ella se había
negado una y otra vez a aceptar el divorcio, porque sabía que, en cuanto le dejara el
terreno libre, Tom volvería al lado de _______.
Tom, sin embargo, era totalmente ajeno a la mirada fulminante de Miriam
sobre _______ y él. Estaba demasiado absorto observando a la joven. Su corazón
estaba henchido de orgullo por el modo en que ella se había entregado a él. Sí, se
sentía otra vez un hombre completo, un hombre capaz, y, por primera vez, la presencia
de Miriam no lo alteraba en absoluto. Era como si ni siquiera estuviera allí. Había
tratado de volver a herirlo con sus puyas acerca de su fracaso en la cama, pero en ese
momento, Tom estaba empezando a darse cuenta de que no había sido
necesariamente un problema físico, no teniendo en cuenta cómo había reaccionado su
cuerpo cuando estaba con _______.
Miriam advirtió la expresión satisfecha en su rostro y se removió incómoda en el
asiento.
-¿A qué le estás dando vueltas, querido? -lo picó con una sonrisa burlona-. ¿O
estás recordando lo maravilloso que era cuando estábamos juntos?
Tom frunció los labios y la escrutó largo rato en silencio. Ya no le afectaba su
sarcasmo. El que no hubieran funcionado en la cama era culpa de ella, no de él. Era fría
y cruel, una mujer sin sentimientos que parecía despreciar a los hombres y solo los
usaba como juguetes, divirtiéndose del poder que conseguía ejercer sobre ellos.
-Estaba pensando que debiste tener una infancia terrible -le contestó.
Miriam se había puesto lívida. El tenedor se le escapó, cayendo ruidosamente
sobre el plato, y lo tomó con dedos temblorosos.
-¿A qué viene eso? -balbució.
Tom pasó del desprecio a la compasión en cuestión de segundos. De pronto todo
parecía encajar. Sin embargo, la comprensión no alteró sus sentimientos. No la
deseaba, ni la amaba, pero sí había dejado de odiarla.
-No importa -contestó en un tono suave-. Termina de comer la carne. Mi madre y
Betty Ann se han pasado toda la tarde en la cocina, y tú prometiste ser una invitada
agradecida.
Miriam lo miró un instante, pero no contestó, bajó la vista al plato, y siguió
comiendo de mala gana.
_______ había estado observando a uno y a otro, y no pudo evitar que se le
cayera el alma a los pies. Tom daba muestras de estar sintiendo pena por Miriam.
Tal vez después de todo sí estaba enamorado de ella. ¿Qué debía hacer? Ella solo
quería que fuera feliz.
Como si hubiera intuido que algo la preocupaba, Tom giró la cabeza hacia ella y
puso su mano sobre la suya, para alzarla a continuación y besarle delicadamente los
nudillos, sin percatarse de la expresión de satisfacción en el rostro de su madre, ni de
la mirada furibunda que les dirigió Miriam.
_______ se puso roja como una amapola. Había habido tanta ternura en aquella
caricia... Y el modo en que la había mirado...
-Lo del documental de los osos polares era una broma, ¿cierto? -inquirió Miriam
de pronto, como si estuviera harta de las demostraciones de afecto de Tom.
Él la miró y enarcó una ceja.
-No, es verdad. Me encantan los osos polares.
-Pues yo los detesto -masculló la modelo como si tuviera hiel en la boca-. Detesto
el campo y detesto el olor de los animales y detesto esta casa y te detesto a ti
también!
-Y yo que creía que habías venido aquí para hablar de una reconciliación...
-murmuró él divertido por haberla exasperado.
-¿Qué sentido tiene, cuando tú vas por ahí haciéndole el amor en los pastos a la
señorita pianista?
______ se sonrojó más aún, pero Tom se echó a reír.
-No fue en los pastos, sino en la camioneta -replicó-. Además, las personas que
van a casarse hacen el amor.
Miriam se puso en pie y arrojó la servilleta sobre la mesa.
-Creo que me voy a dormir. Hasta mañana.
Cuando se hubo marchado, Simone se recostó en su silla con un profundo suspiro
de alivio.
-¡Gracias a Dios! -exclamó-, al menos ahora podremos disfrutar del resto de la
cena -dijo tomando una rebanada de pan y untándole un poco de mantequilla-. ¿Y qué
es eso de que habéis hecho el amor en la camioneta? -inquirió entornando los ojos.
-Había que echar un poco de leña al fuego -se excusó Tom.
-______ es virgen - apuntó Simone haciendo sonrojar de nuevo a _______, que
casi se atragantó.
-Lo sé -contestó Tom sonriendo a la joven-. Eso no cambiará, ni siquiera para
echar a Miriam de aquí.
-Eso es lo que quería oír -murmuró Simone dando una palmadita a _______ en la
mano-. No te avergüences, cariño, el sexo es parte de la vida, pero tú no eres como
Miriam. Sé que si hicieras una tontería lo lamentarías durante el resto de tus días. Y,
para serte sincera, lo mismo le pasaría a Tom. Es de lo más puritano.
-¡Mira quien fue a hablar! -se rió Tom-. No sé quién me lo inculcaría.
Su madre sonrió.
-Bueno, es de sentido común. Jugar con esas cosas hoy día es peligroso, con las
enfermedades que se pueden contraer, y siempre me ha parecido que es estúpido
darle a un hombre los beneficios del matrimonio sin que asuma ninguna responsabilidad
por ese placer. La gente dice que eso es una moralidad anticuada, pero no es cierto, es
sentido común, y ellos son unos irresponsables.
Tom se levantó con una sonrisa burlona en las comisuras de los labios, y empujó su silla hacia su madre.
-Si vas a darmos un sermón será mejor que te subas ahí para que podamos verte
bien.
Simone agarró la cesta vacía del pan, pero antes de que pudiera tirársela, Tom
la levantó de su asiento y le dio un sonoro beso en la mejilla.
-Te quiero, mamá -le dijo a la mujer, depositándola después en el suelo-. No
cambies nunca.
Su madre meneó la cabeza y puso los brazos en jarras, aunque _______ pudo ver
que estaba empezando a sonreír también.
-Tom, a veces me exasperas.
-El sentimiento es mutuo -contestó él. Se volvió un momento a mirar a _______,
que lo estaba observando con adoración-. Estaré en mi estudio trabajando. Si Miriam
vuelve a bajar, vente al estudio y nos encerraremos allí para enfurecerla un poco más.
_______ se sonrojó, pero asintió y sonrió.
-De acuerdo.
Tom le guiñó un ojo y las dejó sentadas en la mesa del comedor.
-Todavía lo amas, ¿no es verdad? -inquirió Simone.
_______ se encogió de hombros.
-Me temo que es una enfermedad para la que aún no hay cura -contestó-. A pesar
de nuestras diferencias y de los años que han pasado, no he podido querer a nadie más.
-Pues parece que él siente lo mismo por ti.
-Lo parece, sí, pero tal vez sea solo por lo convincente que resulta jugando a este
juego de engañar a Miriam.
-¿Verdad que es sorprendente como ha cambiado en unas horas? Esta mañana,
cuando apareció ella, estaba terriblemente tenso, y en cambio hace un momento
parecía totalmente relajado, como si ya no le dolieran sus comentarios crueles
-murmuró. Se volvió a mirarla con una sonrisa pícara -. ¿Qué hicisteis exactamente
cuando salisteis?
-Solo nos besamos -balbució ______. Era una verdad a medias, pero le daba
vergüenza confesarle el resto-. Pero sí es cierto que de repente está muy cambiado
-dijo frunciendo el entrecejo-. Dijo algo extraño, como que se sentía completo de
nuevo. No sé, tal vez solo necesitaba una inyección de confianza en sí mismo.
La madre de Tom sonrió para sí.
-Tal vez -murmuró-. Pero me temo que Miriam aún no esté dispuesta a tirar la

toalla. Estoy segura de que intentara algo, esta noche.
-Yo también lo creo, y se lo dije a Tom -contestó la joven-, pero me dio
vergüenza ofrecerme a dormir con él. No en la cama con él -se apresuró a aclarar,
sonrojándose. ¿Qué pensaría Simone de ella?-. Quería decir en la misma habitación,
pero yo habría dormido en el sillón.
-Lo sé, querida, no tienes que preocuparte por eso. Pero creo que no sería mala
idea que pasaras algún tiempo en su habitación esta noche... Miriam se lo pensaría dos
veces antes de intentar colarse allí si sabe que tú estás con él -dijo con una sonrisa
traviesa-. Sería un golpe para su orgullo.
-Pero a Tom no le gustará... Y si Miriam nos ve, tampoco va a tragarse que tú
nos dejes acostamos juntos sin estar casados bajo tu techo.
-Pues le haré ver que no tenía ni idea, y lo horrorizada que estoy, y obligaré a
Tom a fijar la fecha de la boda.
-¡Simone! -protestó _______.
La mujer se rio y se puso de pie, recogiendo su labor de punto.
-No te preocupes por nada. ¿Tienes algún salto de cama sugerente?
Mientras ______ esperaba en el dormitorio de Tom, vestida con un salto de
cama de Mary que Simone le había prestado, la joven apenas podía creerse que
estuviera haciendo aquello. ¿Cómo iba a explicarle a Tom que aquello había sido idea
de su madre?
Se había cepillado el cabello hasta dejarlo sedoso y brillante, pero todavía
llevaba puesto el sostén, ya que no había podido desabrochárselo sola, y Simone se
había ido ya a dormir. En cualquier caso, al mirarse en el espejo de su cuarto, con el
satén pegado a sus curvas, le pareció que tenía un aire bastante sexy, como de mujer
fatal.
De pronto oyó pasos que se acercaban y, segura de que sería Miriam, corrió a
tumbárse en la cama de Tom, colocándose en una postura lo más sugerente posible.
Se bajó uno de los tirantes, y miró con disgusto la escayola, que estropeaba el efecto
general. Se incorporó un poco, apoyándose en el codo del brazo sano, y escondió el
otro tras la espalda. Sacó pecho, miró hacia la puerta, y esbozó la sonrisa más
seductora que pudo.
Sin embargo, no era Miriam, sino Tom, que se quedó parado en el quicio de la
puerta, como si se hubiese vuelto de piedra; con los dedos en el acto de
desabrocharse los botones de la camisa.

CAPÍTULO 7
Al verlo entrar, ______ se apresuró a sentarse, azorada por cuánto escote
estaba enseñando... por no mencionar el modo en que el satén se pegaba a sus curvas.
Tom cerró la puerta sin volverse, como en estado de shock. Parecía cansado,
pero el brillo en sus ojos resultaba fascinante. Se quedó mirándola como si no hubiera
visto antes a una mujer, y sus ojos tardaron un buen rato en abandonar la suave
curvatura de sus senos, que se insinuaban bajo el exquisito borde de encaje.
-Dios mío... -murmuró maravillado-. Podrías hacer que un hombre se pusiera de
rodillas ante ti.
No era exactamente lo que ______ había esperado que dijera, pero al menos
sus esfuerzos no habían sido en vano.
-¿Tú crees? -dijo sonrojándose ligeramente, pero con el rostro radiante de
felicidad.
Tom avanzó hacia ella. Tenía la camisa medio desabrochada, y parecía un tipo
duro y peligroso, y muy, muy sexy con el cabello despeinado y la barba que estaba
empezando a asomar en el moreno rostro.
-¿Es realmente necesario el sujetador, o es que no te lo podías quitar? -le
preguntó él sentándose junto a ella sin dejar de mirarla.
______ sonrió tímidamente.
-No me lo podía quitar -admitió levantando la mano escayolada-. Todavía no
puedo usarla.
-Ven aquí -murmuró el ranchero con una dulce sonrisa, atrayéndola hacia sí. Bajó
primero un tirante y después el otro, pero la tela del salto de cama era tan resbalosa,
que cayó, quedándose en torno a su cintura.
Tom se quedó sin aliento, viéndola tapada tan solo con aquel sostén tan
sugerente, y cierta parte de su anatomía se puso tensa por la excitación que esas
curvas le provocaban. Tom se rio a pesar de la incomodidad que sentía.
-Dios -murmuró riéndose suavemente.
-¿Qué ocurre? -inquirió ______.
-No preguntes -contestó él riéndose de nuevo.
Pasó las manos por detrás de la espalda de la joven, desabrochó el enganche del
sostén, y comenzó a apartado, divertido por los intentos de ella por mantenerlo asido
contra su cuerpo. Sonrió encantado ante aquella muestra de pudor, y comenzó a
acariciarle la espalda muy sensualmente.
-Déjalo caer -le susurró contra los labios mientras empezaba a besarla.
Aquella, se dijo ______, era la experiencia más erótica de su vida. Dejó caer la
prenda, y pasó la mano sana por los hombros de Tom, haciendo que sus senos se
levantaran hacia él.
Tom se apartó un poco, y los admiró embelesado. Sus dedos la acariciaron con
delicadeza, y la miró a los ojos, observando cómo se dilataban sus pupilas mientras
trazaba los contornos de una de las deliciosas cumbres y su pulgar frotaba
repetidamente el tirante pezón.
______ emitió un gemido ahogado, y Tom la tomó por la nuca con una mano,
mientras que la otra rodeó su cintura, haciendo que se arqueara hacia él.
-Había soñado tantas veces con esto... -le dijo.
Bajó la mirada, e imprimió pequeños besos con sus cálidos labios en los senos de
la joven. ______ vio que abría la boca, y cerró los ojos extasiada al sentido succionar
con suavidad pero insistentemente. Notó cómo su lengua daba pasadas rápidas,
después lentas y caprichosas; notó cómo le mordisqueaba el pezón con el mayor
cuidado... Y, de pronto, de su garganta escapó un gemido de intenso placer.
Al oído, la excitación de Tom creció por momentos, hasta que empezó a temblar
por lo fuerte que era. ______ era todo lo que siempre había deseado: joven, virginal,
increíblemente receptiva a sus besos y caricias... No podía creer que aquello estuviese
ocurriendo.
Incrementó ligeramente la presión de sus labios y entonces fue ella quien se
estremeció. Tom pudo notar cómo le clavaba las uñas en la espalda, y gimió
encantado. Su mano se aventuró hasta la cadera de la joven, y levantó la tela para
tocar el muslo de seda.
-¡Tom, no...! -susurró ______.
Pero él había levantado la cabeza y la empujó suavemente hacia atrás. Ya nada
podía hacer, estaba totalmente a su merced en aquella especie de limbo sensual.
-No voy a hacerte ningún daño -le aseguró Tom, inclinándose sobre ella-.
Desabróchame la camisa.
Mientras decía esto, una de sus manos se introdujo por entre las piernas de
_______, para separarlas, y pudo ver la duda en sus ojos, el miedo a lo desconocido,
para ofrecerle a continuación la rendición incondicional. Tom bajó la cabeza y rozó
los labios de la joven con los suyos para tranquilizarla.
-Quiero hacerte el amor -le susurró-, pero no tenemos que llegar hasta el final.
-¿Pero cómo...? -balbució ella.
Tom la besó en los párpados.
-Te lo enseñaré. De un modo u otro, _______, estamos predestinados a ser
amantes, y no creo que debamos rehuir al destino. Quítame la camisa, cariño -murmuró
contra sus labios-, y después, arquea tu cuerpo hacia el mío para que pueda sentir tus
senos contra mi piel.
_______ desabrochó uno a uno los botones de la camisa y se arqueó hacia él,
atrayéndolo también hacia ella con el brazo sano. La sensación que le provocó aquel
contacto fue enloquecedora. Tom se frotó contra ella, haciéndola estremecer. Era
tan excitante que se revolvió entre sus brazos gimiendo su nombre una y otra vez.
Tom gimió también. Sus sueños se estaban cumpliendo. La mujer a la que tenía
entre sus brazos era _______, su ______, y lo deseaba tanto como él a ella.
Introdujo una pierna entre las de ella y, tomando su mano sin dejar de besarla en los
labios, la colocó abierta contra su estómago.
-¡Tom, no puedo hacer eso...! -protestó la joven cerrando la mano.
-Pues claro que puedes - murmuró él abriéndosela y guiándola-. ______,
______... te necesito tanto... -gimió-. No pares...
La joven lo acariciaba maravillada, observando el placer escrito en su rostro,
encantada de ser ella quien le estuviera produciendo esas sensaciones.
Pero, de repente, la puerta se abrió de golpe, rompiendo el hechizo del momento.
-¡Oh, por amor de Dios! -exclamó Miriam sulfurada. Salió dando un portazo, y
ambos pudieron oírla maldiciendo por todo el pasillo.
Tom rodó hacia el lado con un gruñido para dejar libre a ______. La joven se
incorporó agitada.
-¿Estás bien, Tom? -inquirió.
-La verdad es que no -contestó él con una media sonrisa. Tenía todo el cuerpo en
tensión, y aquella parte de su cuerpo dolorosamente tirante-. Pero, ¡oh, Dios!, ¡qué
sufrimiento tan hermoso es este, pequeña!
_______ se subió el salto de cama frunciendo el entrecejo ligeramente.
-Tom, no entiendo...
Él se rió, guardándose el secreto para sí.
-Es mejor que no lo comprendas, cariño -le dijo-, no aún al menos.
Cerró los ojos y respiró profundamente hasta que logró controlarse.
-Miriam nos ha visto - murmuró ______ incómoda.
-¿No era esa la idea?
-Bueno... sí... Pero... -la joven se sonrojó y apartó la vista de él.
Tom se incorporó y se estiró, desperezándose, antes de hacerla girarse hacia
él y empezar a besarla con suavidad.
-_______, no es un pecado desear a alguien -le dijo despegando sus labios de los
de ella-. Especialmente si es alguien a quien amas. Es la expresión física de algo
intangible.
-Lo siento, supongo que soy una tonta -balbució la joven.
Tom le peinó el cabello con los dedos.
-No, eres una mujer de principios. Pero debes saber que no tengo intención de
seducirte como un playboy, y menos con mi madre aquí -sus ojos brillaban divertidos.
Nunca se había sentido tan vivo, tan masculino. Le dio un tierno beso en la nariz-.
Dejaremos el resto para nuestra noche de bodas.
______ se quedó mirándolo con incredulidad.
-¿Para nuestra...? -balbució.
-El matrimonio es inevitable -le dijo Tom-. Miriam no se dará por vencida de
otro modo. Estoy seguro de que no se rendiría aunque durmieses cada noche aquí
conmigo. Es la clase de mujer que no acepta una negativa. Se ha hecho a la idea de que
puede venir aquí y reclamarme como si le perteneciera.
-Pues está muy equivocada -contestó la joven sintiendo que la devoraban los
celos ante la idea.
Tom bajó la vista a la mano de ______, que estaba sosteniendo el salto de
cama contra su pecho. -Suéltalo, ______, me encanta mirarte.
-¡Tom!
-Oh, vamos, sé que a ti te encanta que te mire, así que, ¿por qué fingir? Tendrás
que perdonarme si ahora sueno un poco arrogante, pero es que acabo de darme cuenta
de algo.
-¿De qué? -inquirió ella curiosa.
Tom esbozó una sonrisa de satisfacción y murmuró contra sus labios:
-De que no soy impotente.
_______ frunció el entrecejo y después abrió los ojos como platos.
-¿Era eso a lo que Miriam se refería cuando te soltó aquella puya?
-Exacto. Por mucho que ella lo intentara, no lograba excitarme. Nunca he sentido
verdadero deseo por ella. Tal vez atracción física, fascinación, pero no deseo.
-Pero imagino que ella al menos sabría qué hacer en la cama. Yo me siento tan
inexperta... Además, hace un rato me he asustado como una tonta.
Tom la atrajo hacia sí, y la joven apoyó la cabeza en el hueco de su cuello.
-La intimidad es algo a lo que resulta difícil acostumbrarse, ______ -le dijo al oído-.
Y, sobre todo, debes tener siempre presente que yo nunca te haría daño.
-Lo sé -musitó ella. Y era cierto, pero, ¿sería capaz de amarla? Aquello era lo que
más ansiaba en el mundo. Se abrazó a él con un largo suspiro-. ¿De verdad que Miriam
no te hacía sentir de este modo? Es tan guapa y tan sofisticada...
Las manos de Tom le acariciaron la espalda desnuda.
-Tú no tienes nada que envidiarle, _______ -murmuró-, nada.
«Sí, pero te casaste con ella», se dijo la joven resentida y celosa. «La amabas,
estoy segura, y esta noche, en la cena, parecías sentir lástima por ella».
Mientras estaba perdida en aquellos pensamientos, las manos de Tom tiraron
lentamente hacia abajo del salto de cama, para que sus senos volvieran a estar en
contacto con su tórax. ______ gimió, y él sonrió encantado.
-He estado con varias mujeres desde que cumplí los dieciocho, pero nunca había
experimentado nada parecido a lo que experimenté contigo aquel día junto a la charca.
Y eso que apenas hicimos nada... Desde aquel día he soñado contigo.
-Pero te casaste con Miriam -replicó ______ quedamente-. Y eso lo dice todo,
¿no es cierto? Tú nunca me amaste, solo me deseabas, y ahora sé que eso es lo único
que habrá jamás entre nosotros. ¡Oh, déjame ir, Tom! -gimió intentando apartarse de
él.
Sin embargo, Tom no lo consintió, y la hizo echarse de nuevo con él sobre la
cama.
-Por favor, ______, no luches contra mí -dijo besándola -, no luches contra mí,
cariño.
Las lágrimas rodaban por el rostro de la joven hasta sus labios, pero Tom no
paró hasta hacerla gemir y suspirar. Solo entonces levantó la cabeza y la miró con
adoración.
-_______, piénsalo, si solo fuera deseo lo que siento por ti, ¿crees que respetaría tu
virginidad?
La joven tragó saliva.
-Supongo que no.
-Por supuesto que no. Un hombre devorado por las llamas de la pasión no suele
tener ningún escrúpulo para poseer a una mujer -insistió Tom-. Hace un momento
podría haberte tenido si hubiera querido, pero me detuve.
Aquello también podía significar que él no la deseaba lo bastante como para
perder el control, pero no se atrevió a decirlo...
Tom se había incorporado otra vez y, tras admirar un instante sus senos, la
cubrió él mismo, subiéndole los tirantes por los hombros. _______ se puso de pie y se
alejó unos pasos, dándole la espalda. Tom se levantó también y se puso frente a ella,
tomándola de la barbilla para que lo mirara.
-Me parece que no tienes demasiada confianza en ti misma -le dijo-. Tendremos
que trabajar sobre eso.
-Tom... ¿Por qué tenemos que casarnos? Pensaba que se trataba únicamente de
mantener a Miriam a raya, o al menos eso es lo que dijiste.
-Lo dije -asintió Tom recorriendo con el índice su nariz-, pero, para que
podamos lograrlo, tendrás que casarte conmigo - sonrió ante la seriedad de ella -.
Vamos, no será tan horrible. Estaríamos juntos todo el tiempo y tendríamos hijos y me
ayudarías a llevar el rancho. Podemos ser muy felices juntos, aun cuando no pudieras
volver a tocar el piano.
-¿Y tú crees que eso sería suficiente para mí?
La sonrisa se borró de los labios de Tom. Había creído que ella lo amaba.
Siempre le había dado esa impresión... ¿Estaba diciéndole que no era suficiente para
ella?, ¿que su carrera era más importante que lo que pudiera haber entre ellos?
-¿No crees que podrías ser feliz aquí conmigo? -inquirió frunciendo el ceño.
La joven lo miró incómoda.
-Estoy cansada, Tom, no quiero hablar de matrimonio ahora, ¿de acuerdo?
Él sacó un cigarrillo y lo encendió, ceñudo aún.
-Como quieras, pero antes o después tendremos que hacerlo.
Ella se dirigió hasta la puerta y la abrió, quedándose en el quicio, con la mano en
el picaporte.
-Trataré de ayudarte a disuadir a Miriam... si estás seguro de que es lo que
quieres.
-¿No creerás que quiero volver con ella? -inquirió Tom enfadado, yendo junto a
ella-. ¿Es que no has oído lo que te dije antes? ¿Que ni siquiera me excitaba?
-Yo... yo no sé qué pensar, Tom... Pienso que tal vez sea a Miriam a quien quieres
pero temes volver a perderla si... si no puedes... si no puedes hacerlo con ella. Porque
ya te traicionó una vez y...
-¡Por todos los santos, ______! -exclamó Tom entre frustrado e irritado.
¿Por qué no había forma de que comprendiera? ¿Tanto le costaba creer que
pudiera amarla? Lo cierto era que él también estaba cansado como para seguir con
aquella discusión. Había tiempo, se dijo.
-Será mejor que vuelvas a tu habitación antes de que Miriam arrastre a mi
madre hasta aquí y la haga escandalizarse.
-No creo que se escandalice -murmuró la joven.
-¿Por qué dices eso?
-Porque... -_______ alzó los ojos hacia él-. Porque esto fue idea suya. Incluso me
dio el salto de cama.
-¡Dios mío! -exclamó él prorrumpiendo en carcajadas-. ¿Qué más me queda por
oír?
-Solo queríamos salvarte de Miriam.
-Bueno, y lo habéis conseguido -respondió él sonriendo-. Pero... ¿quién va a
salvarte a ti de mí? -murmuró seductor, rodeándola por la cintura y atrayéndola hacia
sí-. Te deseo ______. Quítate ese salto de cama y te haré el amor hasta el amanecer.
La joven se estremeció ante la idea, enrojeciendo terriblemente.
-¡No es a mí a quien deseas, es a Miriam! -farfulló apartándose.
-¿Cómo puedes estar tan ciega? -replicó él meneando la cabeza-. Muy bien,
intenta huir si quieres, pero estaré pisándote los talones todo el tiempo, y al final te
daré alcance. Te dejé escapar una vez, y no pienso volver a hacerlo.
La joven quería creerlo, con todas sus fuerzas, pero estaba tan confundida. Sus
lágrimas acudieron a raudales a sus ojos. Habían sido tantas emociones en un solo día...
-Oh, vamos, vamos... -murmuró Tom suavemente, acercándose a ella y
abrazándola-. _______, por favor, no llores...
Cuando Tom la tomó por la barbilla y la besó, la joven no pudo evitar responder,
y poco a poco el beso fue haciéndose más apasionado.
-Bueno, bueno... -los interrumpió una voz femenina en un tono de ligero
reproche-. No digo que esto no sea por lo que he rezado desde hace años, pero
tampoco deberíamos pasarnos...
______ y Tom se separaron. Y aquella vez no fue la joven la única que se
sonrojó. Apoyada en la pared del pasillo estaba Simone observándolos.


HOLA!! DISCULPEN LA HORA DE AGREGAR PERO AQUI ESTA ... 3 O MAS Y AGREGO MAÑANA ... BUENO HASTA MAÑANA :))

3 comentarios:

  1. Awww mueroo.! Esta buenisimaaaa.

    Siguelaaa ;)

    ResponderEliminar
  2. :O Esto se pone cada vez mas bueno me encantooo espero el próximo cap.. espero que (Tn) pueda creerle a Tom y ya quiero que estén juntos :)

    ResponderEliminar